sábado, 25 de julio de 2026

«High Hopes» de Pink Floyd con Zbigniew Preisner dirigiendo la orquesta en 2006 (canción subtitulada en español)

 

El prestigioso compositor polaco Zbigniew Preisner, conocido por sus magistrales colaboraciones con el director de cine Krzysztof Kieślowski en las películas de la trilogía de los colores (Azul, Blanco y Rojo) o La doble vida de Verónica, dirigió la Orquesta de la Filarmónica del Báltico Polaco (Polish Baltic Philharmonic Orchestra) en el concierto que David Gilmour, líder de Pink Floyd desde 1985 tras la salida de Roger Waters, ofreció en la ciudad polaca de Gdańsk el 26 de agosto de 2006, hace ahora veinte años.

El concierto, celebrado en los astilleros de esta localidad ante 50.000 personas, conmemoraba el 26º aniversario de la creación del sindicato Solidarność (Solidaridad). El espectáculo formaba parte de la gira de Gilmour con su disco On an Island y el tema de cierre fue High Hopes, el más recordado del álbum The Division Bell que Pink Floyd publicó en 1994, compuesto por Gilmour. Una canción que es una reflexión profunda y melancólica sobre el paso del tiempo, la pérdida de la inocencia, de las amistades de la infancia, la erosión por los hechos acontecidos y en definitiva el balance de la vida. Fue además una de las últimas apariciones en los teclados de Richard Wright, también componente de Pink Floyd, que falleció poco después de cáncer a los 65 años.

Enlace al vídeo con la canción subtitulada en #UltimoEstreno:  https://youtu.be/3OQscmZlWpo

miércoles, 22 de julio de 2026

Nolan estrena «La odisea» con una mirada referencial al Ulises de Camerini de hace 72 años



Ya está disponible en #UltimoEstreno el inevitable reportaje dedicado a «La odisea», la última película estrenada por el megalómano Christopher Nolan que, de todas maneras, en esta ocasión desciende unos escalones desde el olimpo de los cineastas (autoelegidos) por los Dioses con sus onanismos mentales y convierte una historia epopéyica en un relato sin los devaneos metafísicos acostumbrados.

A ver, sin florituras: que está muy potable «La odisea», que le sobran cuarenta minutos (especialmente de toda su parte final), que analizo en el vídeo la banda sonora del sueco Ludwig Göransson ¡defendiéndola! porque tenemos que entender que ha elegido otra manera de musicalizar la película ajena a lo tradicional (ha mandado a por tabaco los leitmotivs y el sistema narrativo al que nos acostumbró Max Steiner) y, sobre todo, que es buen momento para saber que no hay nada nuevo bajo el sol. Mucho presupuesto, eso sí, pero el perezoso de Nolan ha revisado, y bastante, la película que el italiano Mario Camerini dirigió, hace nada menos que 72 años, titulada «Ulises», y se ha dedicado a copiar secuencias sin pudor alguno. Una cosa es que la historia sea la misma y en el cine se hagan versiones y otra es calcar planos y motivos de una manera descarada. Os recomiendo enfervorizadamente visionar la película de 1954 (está en Filmin), con un Kirk Douglas en su salsa y una bellísima Silvana Mangano cinco años después de haber descompuesto al personal masculino recolectando arroz bien prieta de ropa.







domingo, 12 de julio de 2026

Lo último de Almodóvar, ya en Movistar+


 Ya está en Movistar+ este despropósito en todo.

 Este culebrón de personajes que entran y salen, que son interpretados tan nefastamente que no parecen dirigidos por Almodóvar, del que da la risa floja leer por ahí que se ha convertido en el Ingmar Bergman o el Fellini español. Mira que aprecio a Pedro, a su hermano, a gente que conozco que trabaja con él, pero yo jamás he pertenecido a ninguna corte de pelotas de nadie. 

Lo peor que puede pasarte en el cine es desear que acabe una película, y hay casos que por partida doble. Por mala y por tóxica. Olvidar una película tóxica es muy importante, porque aquí no es que el folletín sea solo un drama de gente enferma impostada para engendrar las inquietudes frustradas del cineasta manchego. Sufrir en el cine con gusto lo hemos hecho desde con Bambi a Memorias de África. Aquí es que es todo tan amargo y de tan mal rollo que intoxica porque no entiendes la necesidad de lo que cuenta, que en realidad es obligado o directamente nada. Salí del cine con mal cuerpo porque esta cosa me enmierda el mundo sin justificación. Y la he revisado en Movistar+ y no solo vuelvo a desear que termine, sino que me reafirmo en que ni siquiera Alberto Iglesias y su música me cuentan nada. Es más, además de momentos dudosamente musicalizados, algo me sacaba de la película en la secuencia en la que Elsa le muestra a Natalia, recién llegada, el paisaje de los socos de Lanzarote. Revisándola me acordé del tema del juego de Giosué de Nicola Piovani en La vida es bella. ¡Bingo!

Lo dicho: para quien no la vio, por si le va el sadomaso, Amarga Navidad (y tan amarga) está en Movistar+.

Crítica con más detalle en #ultimoestreno: https://youtu.be/vTqLbjVHzRw?si=SibJ6dBYP-UVAfJi


jueves, 9 de julio de 2026

Kioscos: eliminar pero también homenajear un elemento consustancial del urbanismo ciudadano de tantas generaciones


Los kioscos han sido esos pequeños habitáculos que, para generaciones pasadas, se hacían grandes en su ordenado caos cuando nos asomábamos al interior. Muchas ciudades disponían de ellos, me atrevería a decir que raro era el municipio que no contaba con alguno hasta hace pocos años. Los tiempos han cambiado y en las ciudades más turísticas resisten los que, además de la oferta tradicional de prensa (la que queda en papel), chucherías y otras maritatas, ofrecen recuerdos a los guiris. Pero en las poblaciones con menores posibilidades de venta de merchandising, los kioscos han ido desapareciendo, en una lenta agonía, hasta quedar sus recintos cerrados, algunos vandalizados, y convertidos en elementos que desentonan de un entorno urbano al que antaño no sólo contribuían con su estética, sino también a dar vida a barrios, calles en los que los niños correteaban hasta llegar a él para comprar estampas, las madres compraban el Dunia y los hombres tabaco suelto, entre una exposición de publicaciones dispares colgadas con pinzas y cajas rellenas de dulces que desprendían olores mezclados con papel impreso recién llegado.

El PSOE de Cádiz ha pedido al equipo de Gobierno de la ciudad que realice un inventario de los kioscos aún existentes en Cádiz y las condiciones en las que se encuentran, dado que la gran mayoría de ellos permanecen cerrados (Leer noticia). La propuesta se eleva con toda la buena intención del mundo para un mejor ornato urbanístico, no me cabe duda, y en ella se solicita además que estos recintos sean suprimidos.

Todo eso está muy bien, venga la iniciativa de la formación política, o entidad social, de la que venga. Pero qué escasa sensibilidad mostramos en muchas ocasiones.

Yo ahí, precisamente ahí, en ese kiosco que muestra la imagen superior publicada por un medio de comunicación gaditano, he comprado muchos soldaditos de plástico, caramelos de cuba libre, cromos de Mazinger Z, 'Mortadelos', los primeros Microhobby dedicados al ZX Spectrum... Y antes que yo, otros han comprado sus cosas. Y después mía también seguía vendiendo. Los tiempos cambian, no son rentables, habrá que retirarlos, pero... ¿no podemos aprovechar la coyuntura y homenajear al kiosquero de toda la vida que tanto nos alegró vendiéndonos nuestras cosas cotidianas?. Y precisamente ahí (vuelvo a utilizar la frase) sería un buen lugar por razones que basta ir allí para comprobarlo: no estorba, se encuentra en un hueco de poca utilidad en un ángulo recto entre dos fachadas, es un barrio donde transitan colegiales y adultos, y en un futuro, con el nuevo pabellón deportivo enfrente. Así que a ver si a alguien con cabeza pensante y mando en plaza se le ocurre encargar un proyecto parecido a este de la imagen, hecho obviamente con IA, y no solo suprimir para enlosar sin elementos identitarios.



martes, 7 de julio de 2026

Danny Elfman en España



Danny Elfman lleva varios días en España ofreciendo conciertos de sus bandas sonoras en Barcelona y Madrid acompañado de la Orquesta y coros de RTVE.

Vivir el espectáculo de Elfman va más allá de lo maravilloso que es disfrutar de la música orquestal que pueda ofrecer un compositor de música cinematográfica. Él se convierte en protagonista como creador sinfónico y aparece,con su más fiel estilo estético, para cantar, mover sus dedos como Jack Skellington, recorrer el escenario y complacer nuestra vista con imágenes complementarias en una gran pantalla. Danny Elfman conjuga el ritual, la ortodoxia sinfónica, con los sones del musical y del rock que hacen posible encontrar entre el público dispar desde fans tan estrafalarios en su indumentaria como los personajes burtonianos hasta amargados con chaqueta que buscan excusas para decir que este artista multidisciplinar no deja de ser «el nuevo Bernard Herrmann». Como si, con 73 años ya a sus espaldas y habiendo hecho música desde los ochenta, su creatividad estuviera a la sombra alargada del maestro, olvidando que Elfman muestra a los héroes de las películas de Burton en tonalidad menor con sus particulares maneras, pero también han salido de su cabeza extraordinarias obras para El indomable Will Hunting, Big Fish o Sommersby.

Hace varios días, en el análisis musicológico que realicé sobre «El jorobado de Notre Dame», os hablaba del hecho de estigmatizar una película de animación por considerarla «adulta y oscura» si no es fiel a los patrones habituales del cine llamado infantil. A Danny Elfman le costó quince años que la gente entendiera realmente su magistral Pesadilla antes de Navidad. Hizo doscientas entrevistas en dos días (según cuenta) y en todas le dijeron lo mismo: da demasiado miedo a los niños. Ahora, en España, no ha concedido entrevistas con la excepción de los dos o tres medios más poderosos del país y a sus seguidores no se les ha permitido verlo de cerca ni firmas de discos y rituales de esa índole. Será que ya no tiene nada que justificar sobre su obra porque la ha logrado incluir entre las excelencias de la música de cine de todos los tiempos.

Fotos de Fer González del concierto de Madrid del lunes 6 de julio. Para el concierto de hoy martes aún quedan entradas.













domingo, 5 de julio de 2026

30ª aniversario de «El jorobado de Notre Dame» de Disney. Análisis musicológico de una película maltratada


He acabado tarareando los temas de madrugada entre pesadillas, con la espalda aún más fastidiada de lo que la tengo de estar sentado frente a dos ordenadores, discutiendo conmigo mismo por conclusiones con las que seguramente no estaré de acuerdo mañana o pasado como algunos tampoco lo estarán hoy mismo. Pero estas tres semanas de estudio continuo de El jorobado de Notre Dame (1996) y su banda sonora ha sido una de las experiencias más emocionantes de los últimos meses en cuanto al cine y su música.

Cuando el compositor Alan Menken escribía en sus redes sociales hace varias semanas que se cumplía el 30ª aniversario de la película y ponía a parir el lema con el que se le había ocurrido a Disney destacar esta efeméride, lamentando además el menosprecio con el que durante todos estos años había sido tratada su banda sonora, me obligó gustosamente a volver a las armas en la lucha que desde hace tres décadas he mantenido defendiendo esta música ninguneada por Disney y maltratada por el público tanto como la película, tachada de demasiado oscura y adulta para el público infantil. De modo que me puse la armadura y, bolígrafo en mano (soy muy analógico en eso, qué le vamos a hacer) revisé nuevamente esta joya de la animación y de la composición musical cinematográfica. Si ya llevaba tres décadas deslumbrándome, comprobar aún más determinadas cosas me ha llegado a emocionar: cómo Menken deja claro que, para él, Frollo es un clérigo y no un juez (¿Gol musical a Disney o hecho subliminal consentido?); que la libertad la ansía Quasimodo cantando Out There, pero Menken lo plasma desde el inicio hasta el final; o que Esmeralda podía haber tenido notas étnicas o mágicas, pero su narración musical es la pureza nívea del amor tanto en su papel de redentora como de líder étnica y por supuesto mujer.

Menken me ha dejado exhausto, con un brazo dolorido (asoma amenazadoramente otro hombro congelado, cuatro años después del primero) y me temo que me tendré que tomar en serio la necesidad del descanso en verano, aunque hay varios frentes de otra naturaleza con faena por atender. Como Frollo y sus deseos hacia Esmeralda, debo practicar la contención y evitar la tentación que continuamente me provocan las películas que se me insinúan desde la nutrida videoteca y que además tientan mis bajos instintos musicales de manera inmisericorde. A ver si logro vencerla, aunque llevan embaucándome desde hace casi cuatro décadas: el próximo octubre se cumplirán 37 años desde que por vez primera hablé y escribí de cine en los medios.

Así que cuidaos de las altas temperaturas y feliz verano.

ENLACE PARA VER EL VÍDEO: https://youtu.be/TqzAgIymzU0?si=7YjHM1jbxvlKHF-T

viernes, 19 de junio de 2026

«El día de la revelación». Crítica y análisis musicológico



Les ruego que no prejuzguen mis palabras. Entiendo que recurrir a la comparativa entre El día de la revelación y Encuentros en la tercera fase es para neófitos iniciados, pero tampoco puedo obviar lo que Spielberg en conclusión ha querido hace en su última película: una versión dos, tres, cinco punto cero (el número depende de hasta dónde noten ustedes el cambio) de la película que rodó hace nada menos que cincuenta años. No hay más, siento ser básico, primitivo, escueto. Lo que cambian son las circunstancias, la presentación, que decía Oskar Schindler. A todo lo más, el plato se sazona con unas pizcas de otros productos de la misma temática del director, con especial predilección por Inteligencia Artificial. Mucha más de la que pueda aparentar. Si no, que se lo digan a John Williams. Pero vayamos por partes.

Dada la manía por mostrar vida extraterrestre y exponerla con la misma filosofía en la que priman finales paroxísticos aun que pasen los años, Spielberg ha optado por volver a sus obsesiones con una inteligente –aunque inane- transformación del cuento adaptado a los tiempos. Hace medio siglo se recreó con la (pausada, casi interminable, se tiene que decir y se dice) secuencia del clímax de una película con éxtasis final en medio de una montaña y sostenida con los impulsos irracionales generados por personajes que tejen una maraña desmadejada con solvencia. Hoy el mensaje no está en un paraje exterior donde los extraterrestres contactan con los seres humanos a través de unas notas musicales, sino en los platós de televisión donde la irrupción de las noticias bomba en directo paralizan la actividad sobre la tierra. Actualización del entorno como medida más importante

La gente no llevaba móviles en 1977 y no todos tenían televisor en casa. Hoy resulta impensable no depender de la domótica, de los artefactos de comunicación inmediata, por lo que Spielberg ha tenido clara la actualización del cénit de su nueva obra de manida conceptualización: ha puesto a un marciano delante de las cámaras mientras la gente lo contempla en sus pantallas, alucinada, en el autobús, en las paradas, andando por las calles, en los WC,… ya no hace falta mirar escaparates de establecimientos que venden Telefunken de 24 pulgadas con válvulas en color. Ahora meamos sentados para ver mientras las noticias y tiktok. Y si la autocomplacencia spielbergiana de aquellos 70 abriendo ya la veda de su obsesión se extendía en la parte final de la película para alcanzar tintes epopéyicos, en El día de la revelación trata de hacerlo exactamente igual pero con periodistas, estudios televisivos y mensajes cacareados con staccato, en lugar de con música. Ya era un descaro hablar con los marcianos a través de cinco notas musicales, algo hay que disimular. De eso se encarga John Williams para, durante los primeros veinte minutos de El día de la revelación, apenas incluir música, en todo caso rutinaria, incidental, con el único reclamo y marchamo del estilo Williams pero sin capacidad narrativa alguna en el conjunto global de la película. El compositor nos deja intuir algo al cuarto de hora de película, en una conversación entre el informático Daniel Kellner y su novia exmonja (¡!), una naciente construcción del tema musical que posteriormente hilvanará la película, pero es solo un balbuceo. Porque en pantalla en ese momento solo está un tercio de los verdaderos protagonistas de este folletín. ¡Ponga un sincronizador mental en su penoso guión y solucione la vida a su culebrón!

Tenemos al Williams más narrativo a partir del minuto 20, cuando aparece el pájaro multicolor que forma parte del uso y abuso del CGI en el filme y suenan las notas –a veces con coros celestiales, en otras con trompa o ambos en el desarrollo- que surgen dando sentido musical al contacto como lo hicieron las atmósferas, los gorgoritos del lux aeterna utilizado por Kubrick en 2001, que a fin de cuentas es uno de los maestros de Spielberg en tantas películas. Todo lo demás, lo de Williams me refiero, es producto del piloto automático, además de deslavazado, casi anárquico. Y sí, no lo niego, Williams lo logra: nos une musicalmente a Daniel, a Margaret y a los marcianos disfrazados de fauna terrestre con Listen..., el tema estrella de la banda sonora: lo inicia con Daniel confesando sus miedos a su novia pero altera su desarrollo (no es el momento, están sucediendo otras cosas y queda por presentar en la siguiente secuencia al alter ego protagónico femenino), lo desarrolla con suficiente poder narrativo con la aparición del pájaro anteriormente citada, lo afianza a la media hora del filme cuando Daniel contempla a los ciervos en la casa de campo a donde huye con su novia y lo culmina un poco más allá de la hora y media cuando ambos están juntos y contemplan un zorro que los mira. 

Lo lógico hubiera sido que en la melaza final hubiera aparecido Listen..., no solo porque es el mensaje oral con el que termina la película, sino por el encuentro resolutivo entre las tres partes (extraterrestres, emisora y traductor) ante millones de espectadores. Pero en lugar de eso, Spielberg y Williams decidieron utilizar notas mayormente incidentales sobre un fondo de acúfenos durante once minutos, todo ello como recurso fácil para mantener la tensión mientras la combinación del sonido infinito sostenido y los ruidos causados por los efectos de la película nos rompen los tímpanos. Se adivina ahí, en las escenas de los extraterrestres desahuciados, documentalísticas, en blanco y negro o sepia, otra de las temáticas preferidas del director: el holocausto.

Qué bien escrita está la música (es Williams, puñetas) pero qué pesadez. Un cierto cambio de registro (que no silencio) parece interrumpirla tras seis minutos desde que comenzó la secuencia del desenlace de la cinta, y llama poderosamente la atención que surjan cinco notas que se repiten continuadamente, coincidiendo con la incipiente aparición en el estudio de televisión del extraterreste. ¿Cinco notas? ¿No eran cinco también las utilizadas para contactar con estos seres en Encuentros en la tercera fase, quizá las más famosas de la música de cine junto con el inmisericorde rasgueo de cuerdas de Herrmann en Psicosis? Todo lo demás, hasta la conclusión, son dedos pulsados en las mismas notas y un pitido insufrible. Llévense aspirinas.

Roy Neary hacía porquerías con la espuma de afeitar, con el barro. Spielberg utilizaba unos elementos y una simbología eficaz hace cincuenta años, ahora superada. De manera que, con ese sentido preclaro que siempre ha tenido el cineasta aunque las costuras se le note cada vez más –ya va camino de ochenta años-, aquel primitivismo había que sustituirlo por unidades de USB acumuladas como en cajas de tiendas de chinos, bifurcar en ambos sexos el vehículo humano que soporta y es utilizado para el mensaje final y rellenar minutos con lo que el director de  la saga de Indiana Jones o ET (ahora les comento porqué menciono estos títulos) ya ha demostrado ser lo que es. Es decir, pulcrísimas persecuciones llevadas al límite, efectos sonoros apabullantes, cámaras subjetivas, huidas inverosímiles (de ahí lo de las cintas antes citadas)… Nada nuevo, como venimos diciendo. Por mucho que algunos se empeñen en las loas de la secuencia del tren y el coche dando botes por la vía, hasta el punto de hacer el ridículo asegurando que es de las mejores secuencias rodadas en la historia del cine de acción. Les juro que lo he leído, no sé dónde, posiblemente en redes, esos lugares infectos plagados de críticos domésticos y gente muy cortita. ¿Es que nadie recuerda los quince últimos minutos de ET?

En todo este universo se entremezclan personajes estereotipados, arrepentidos repentinos de sus prácticas malvadas y niños hinchosos (¡que no falten en el paradigma spielbergiano!) reafirmados con el piano de Williams. De hecho, la regresión de Margaret en la reconstrucción de su hogar para descubrirnos la procedencia de su misión junto con la de Daniel es musicalmente similar a los devaneos caseros de David, el niño robótico de Inteligencia Artificial. Y hay también moralinas religiosas marca de la casa. En este sentido, da vergüenza ajena la secuencia de la lucha mental entre Noah Scanlon (Colin Flirth) y Jane Blankenship (Eve Hewson) en la que el espectador termina por pensar que está viendo una película barata de posesiones demoníacas (¡tanto plano del crucifijo y mano estigmatizada, por favor!) más que una historia de… bueno, una historia diluida, realmente. Que en Encuentros en la tercera fase la gente rezara e incluso aquel batallón seleccionado fuera a misa no chirriaba en 1977. De hecho, incluso Avildsen puso a rezar a Rocky Balboa en un retrete antes de repartir leña a diestro y siniestro, pero de aquellas pinceladas accesorias se ha pasado aquí a una trascendencia tan ridícula como inconexa: un convento de monjas, un repaso al génesis con una madre superiora que cree en la vida extraterrestre porque en la biblia se habla de la creación de la vida humana pero en la tierra, lo que abre la posibilidad de otras existencias más allá… La inclusión del elemento moral es tan pacato como innecesario en esta historia, pero Spielberg es lo que tiene: que o toca la fibra infantil o la religiosa, porque ¿qué es al fin y al cabo ET, aparte de una magistral película a años luz de lo último de su director, sino un ser venido del cielo que reclama bondad a la humanidad tras resucitar?



Ahora se nos pide que escuchemos. Fundido a negro y créditos. Tanto metraje para, al final, cortar el rollo como un apagón de luz. Con lo bonito que le hubiera quedado lo que Peter Hyams hizo para culminar 2010 tras su “Dios mío, está lleno de estrellas”, mucho más resultón. Y la sensación de que todo esto es un pastiche, un canto de cisne de un cineasta obsesionado con las posibilidades de vida inteligente más allá de la tierra (aquí, en ella, ya está casi extinguida) y una pretendidamente sagaz actualización de lo ya visto pero sin la frescura ni la revolución de quien con un simple pez en el agua generó el pánico mundial en lugar del tedio que causa dos horas y cuarto de una revelación que quizá guste a los periodistas que aún creen en lo idílico de los platós, las redacciones con laberínticos pasillos formados por mesas repletas de plumillas y que la verdad contada sin tapujos salvará a la humanidad, en lugar de hacerlo los anuncios publicitarios y los dineros endiñados por las administraciones públicas para convertir los medios en panfletos políticos. Eso si no se duermen en la butaca antes de la media hora final. Y también entusiasmará a los más incondicionales del director y de John Williams, pero esos no cuentan a la hora de hacer una justa y necesaria crítica ecuánime en el mundo del antaño Séptimo Arte, que se nos desangra a cada película estrenada. Aunque sea de nuestro contemporáneo Frank Capra dos, tres, cinco punto cero.
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VÍDEO EN EL CANAL #ULTIMOESTRENO CON LA CRÍTICA Y ANÁLISIS MUSICOLÓGICO DE LA PELÍCULA: Dado que en este videorreportaje se muestran escenas del filme y se explican momentos que pueden desvelar motivos narrativos y desenlaces importantes para el espectador, es recomendable verlo TRAS VISIONAR PRIMERAMENTE LA PELÍCULA, con el objetivo de recabar detalles que enriquezcan a quienes la visionen. No obstante, hay a quienes no les importan los llamados popularmente spoilers, que también pueden ver perfectamente este vídeo antes de la película si se trata de personas que prefieren conocer elementos de ella que, sin visionar antes la cinta, no se percatarían de sus significados o intenciones. ENLACE AL VÍDEO: https://youtu.be/_es8_vjgWDU


domingo, 14 de junio de 2026

¿Te acuerdas de Felisín? Fue uno de los candidatos a interpretar a Tito en Verano Azul

 


No era un personaje principal de la pandilla, pero en el capítulo ‘Beatriz mon amour’ cobra cierto protagonismo al parecer uno más de ellos durante una parte del episodio, acompañando sobre todo, por lo coetáneo de su edad, a Tito y a Piraña. Incluso tiene diálogos en unas escenas en la playa cuando los más pequeños no entienden qué está sucediéndole a Bea («ya es mujer») y deciden preguntar a los más mayores del grupo.

Felisín es el nombre de pila del amigo de la pandilla. Ese compañero de juegos que todos hemos encontrado en nuestras vacaciones estivales y vaya usted a saber qué fue de él… o no. Porque Felisín, en este caso, estuvo interpretado por Javier López, un niño que posteriormente no siguió el camino de la televisión ni el cine y que reside anónimamente en Pontevedra con su familia inmerso en una profesión ajena a lo audiovisual. Pero aquella experiencia fue inolvidable para él porque, además, tuvo la posibilidad de encarnar a Tito, al ser uno de los CINCO candidatos que fueron pasando por las pruebas de cámara de Antonio Mercero hasta que finalmente fuera elegido Miguel Joven.

Javier tenía desparpajo, incluso se rodaron algunas escenas con él (no utilizadas después obviamente) y se hicieron fotos, como una que circula por revistas de la época en la que se le ve jugando al ajedrez con Piraña. Pero su padre, que además era profesor particular en Nerja de Juanjo Artero y Gerardo Garrido (Javi y Quique), consideró que su hijo tenía que continuar sus estudios sin que interfiera en ello el rodaje de una serie que estaba previsto extenderse por un buen número de meses.

Así que, finalmente, Javier no hizo el papel, pero ello no fue obstáculo para que su padre le permitiera participar ocasionalmente en VERANO AZUL y divertirse un poco. La experiencia para él fue tan maravillosa que la recuerda con mucho cariño y mantiene contacto con algunos protagonistas de la serie, especialmente con Juanjo Artero, al que no veía desde hacía muchos años. Ahora, aprovechando que el actor ha visitado Ferrol en la gira de su obra ‘Asesinato en el Orient Express’, Juanjo y Javier han quedado para verse por mediación de su amigo común el bailarín y actor Domingo Sánchez, uno de los conocedores de la serie más reconocidos de España, cenar juntos y recordar aquellos tiempos. Y nos envían una fotografía de su convivencia. «Ha sido maravilloso volver a ver a Juanjo. Y sobre la obra, él está genial y muy bien el resto del elenco. El escenario, vestuario… todo es estupendo», nos ha comentado Javier López tras ver la obra en el teatro de Ferrol.

¿Recuerdas a Felisín? En este vídeo te ofrecemos un resumen de este texto y la secuencia más importante donde aparece.

Noticia procedente de: https://regresoaveranoazul.wordpress.com/2026/06/14/reencuentro-entre-javi-y-felisin-juanjo-artero-y-javier-lopez-los-recuerdos-de-quien-fue-candidato-a-ser-tito-en-verano-azul/

lunes, 8 de junio de 2026

¡Ojo con el entusiasmo 'musical' de «El día de la revelación»!


Obviando que no hay tíos más plastas en la tierra (y probablemente, más allá) sobre los marcianos que J. J. Benítez y Steven Spielberg
, el estreno de una película del director siempre se recibe con expectación. El viernes se abre la taquilla para
#eldiadelarevelacion (#DisclosureDay) y, entre las reacciones más sorprendentes que se están produciendo en la previa, están la de los pasionales seguidores de John Williams, algunos de los cuales ya hablan de una «maravillosa banda sonora» por el hecho de haber escuchado el tema que se ha dado a conocer.

Calificar una banda sonora por oírla, por muchas veces que se martilleen los oídos, es un grave error de concepto. Porque la música de cine, como su nombre indica, es DE CINE. Por lo tanto, no podemos valorar el nuevo trabajo del nonagenario Williams hasta que no veamos la película. Ni siquiera hacernos una idea, porque lo que hemos podido oir suena más a Nacido el 4 de julio que a presencias extraterrestres. Pero es puro engaño porque la verdad no está ahí fuera, sino en el visionado de la película. Será entonces cuando podamos comprobar el verdadero valor de su banda sonora, independientemente de que ahora, en la previa, nos puedan entusiasmar sus cuerdas y sus dos 'melodías' que podemos presuponer como hilo musical argumentario de la banda sonora.

Estaría bien no dejarnos llevar por la euforia, que en el caso de Williams es comprensible ante lo que supone la obra del maestro, y hacer un buen favor a la música de cine, insistiendo en que solo comprobando el papel narrativo y el desempeño de su verdadera (¡y única!) función podemos juzgar un trabajo que puede ser musicalmente perfecto pero una banda sonora fallida o una música inaudible fuera del filme pero magistral para las imágenes. Sobre todo para que el personal comprenda que la música de cine no se puede juzgar como otras «porque suene bonita o fea».

Te lo cuento con mayor detalle y ofreciendo algunos instantes de la BSO de la nueva peli en #UltimoEstreno en este enlace: https://youtu.be/bod_XQF1e7U?si=UseSGHssVtekxcn_

martes, 26 de mayo de 2026

Llega... ¡Galaxian! (Teaser)



Ya ha llegado nuestra nueva pieza museística arcade, y con ella, el ritual de desempaquetarla, revisarla y comenzar las posibles reparaciones y limpieza. Lo que en el lenguaje actual influenciado por los anglicismos llamamos Unboxing.

Volvemos a apostar por los GRANDES E ICÓNICOS MODELOS con los que se inició la época dorada de las recreativas, y si hace casi un año nos hicimos con una Cosmic Alien, ahora ya tenemos otra joya: GALAXIAN, y nada más y nada menos que la original norteamericana que fabricaba la compañía Midway a finales de la década de los setenta del pasado siglo. Una máquina de las más apreciadas, con un juego de los más recordados, y que tras salir de la planta de Ilinois recorrió no solo algunos lugares de USA, sino que terminó en Europa pasando por Bélgica y Alemania. Pero eso te lo contaremos en el videorreportaje que estrenaremos en junio, por ahora te ofrecemos un teaser de un minuto con el momento mágico de la llegada de GALAXIAN a nuestras manos, a las de #MOSKODAteam y #UltimoEstreno...

Comprendo que surgen algunas preguntas del millón como se suele decir: ¿De dónde salen estas máquinas tantos años después? ¿Quiénes las tienen y cómo hacerse con ellas? ¿Cuál es el objetivo? Ya os lo contaremos también en otros vídeos, pero no es complicado conocer algo del mundo retroarcade si bicheas por internet. Os recomiendo además la película documental Arcadeología (2021), de la que hablé en su momento cuando se estrenó y entrevisté a su director Aquí el enlace a la entrevista: https://youtu.be/Y1cz_-yjauQ




viernes, 22 de mayo de 2026

46º aniversario de Pacman



Hace 46 años, el 22 de mayo de 1980, se presentaba oficialmente 'Pacman'.

Fue creado por Toru Iwatani mientras comenzaba a devorar una pizza y de repente le vino la idea a la cabeza. Llevaba semanas con el encargo de idear un juego atractivo para toda la familia, pero la inspiración no aparecía. Hasta que miró a aquella masa redonda con un trozo ya cortado y presto a ser comido y... Cuarenta y seis años después, millones de personas lo siguen considerando su videojuego favorito, entre las que me incluyo.
En aquellos años 80 ardían en partidas los muebles de las compañías que comercializaron el Pacman con sus diversas variaciones en España respecto a su denominación: Pacuman, Puckman, Come come... En definitiva, el «comecocos» que le llamaba todo el mundo. Quizás el mueble más popular fue el de Recreativos Franco, empresa que utilizaba el mismo modelo con vinilos, bezel y marquesina dedicados a cada juego que disponía en ellos, entre los más populares Galaxian, Scramble, Phoenix...
En el anecdotario de quienes fuimos 'viciosos' desde el inicio estaba la llamada «jugada del tomate». Consistía en llegar a la quinta pantalla del juego, cada una dedicada a una fruta o verdura. Con la número cinco aparecía una manzana roja que te permitía realizar un recorrido con el comecocos exactamente igual sin que los fantasmas te alcanzaran porque desde ese momento mantenían un mismo patrón de movimiento en las decenas de pantallas posteriores. Hacías siempre el mismo itinerario y jamás te pillaban hasta que, una hora y pico después, los fantasmas ya no mutaban en azul para comértelos o al pasar 'la quinta llave' el pacman perdía velocidad, putada programada por el juego para que te fueras ya a tu puñetera casa y dejaras de quemar la máquina. Hablando de colores, la legendaria «jugada del tomate» (que cuelgo aquí en vídeo completada en una de mis recreativas) la llamábamos todos así erróneamente, porque como he comentado, la fruta era una manzana, pero como era roja, se quedó la idea equivocada de que aquello era un tomate.
Junto al vídeo se puede ver el folleto promocional de Pacman de RF de la época y el interior del Museo OXO de Madrid dedicado a este juego.






lunes, 11 de mayo de 2026

El amor de Espartaco en «Valor sentimental»



Llevaba poco más de media hora viendo Valor sentimental, la cinta noruega ganadora del último Oscar a la mejor película internacional, cuando me llamó especialmente la atención la música, interpretada con un delicado oboe, que el director Joachim Trier había ubicado en unas escenas. Trier es un cineasta al que le gusta dividir con needle drops sus películas, es decir, ubicar canciones preexistentes con las que inicia determinadas secuencias que a veces parecen anuncios televisivos, especialmente en la inclasificable predecesora La peor persona del mundo. Digo inclasificable porque jamás supe si tomarme en serio los devaneos de un personaje que parecía una Amelie escandinava, si quedarme con el preciosismo estético o guasear sobre los gustos fálicos bucales o las setas alucinógenas. De todas maneras, el debate estaba garantizado con la película, lo cual es ya todo un logro en una época de cine inane y herido de muerte.

Pero estamos hablando de Valor sentimental, más definida y más película que aquella. Y de la música de oboe pasada la media hora que inmediatamente identifiqué con un clásico de belleza inmortal. Por eso es probable que aparezca utilizada nuevamente a los casi setenta años desde que fuera compuesta, porque se trata del tema de amor que Alex North compuso en 1960 para Espartaco, de Stanley Kubrick.

El Love Theme de North, a quien la Academia de Hollywood nominó una quincena de veces como mejor compositor y escribió el famoso Unchained Melody para The Righteous Brothers aunque las nuevas generaciones conozcan el tema por la película Ghost, es uno de los ejemplos musicales más bellos, emotivos y elegantes de la historia del cine. Sustentado por un ostinato rítmico-armónico en las cuerdas que hilvana la melodía, aparece en la película de 1960 al poco de su inicio, cuando Varinia cobra protagonismo en pantalla al serle ofrecida a Espartaco para su desfogue sexual. Pero entre ambos surgirá otra cosa que la música nos adelanta mucho antes de que el gladiador le pregunte a la esclava por su nombre en ese instante tan enormísimo en el que la música calla tras el interrogante, dejando en ascuas no solo a Espartaco sino también a nosotros como público, y regresando cuando Jean Simmons pronuncia su nombre. ¡Cómo se hace música, y cine, con dos segundos de silencio!

El tema de amor de North aparece en Valor sentimental diametralmente cambiado de ritmo, con otra instrumentación sin apenas cuerdas y con un cálido tono jazzístico. Al ser música no original, supuse que esa adaptación no había sido escrita por la compositora polaca Hania Rani, acreditada en el film como autora de la banda sonora, una partitura atmosférica más centrada en apostillar ambientes que en formar parte del proceso narrativo de la película. Buscando en los créditos finales inmediatamente después de Hania aparece, acreditado como Score Mixer (ingeniero de mezclas) el nombre de Greg Freeman, curtido ingeniero de sonido y productor que ya en los ochenta trabajaba para bandas como Guns N' Roses. Supuse que el compendio de needle drops de la película había sido supervisado por Freeman, así que lo suyo era preguntarle directamente quién había ideado versionar Espartaco y utilizarla en Valor sentimental. Le escribí por correo electrónico y tardó apenas unas horas en contestarme. «Soy el ingeniero de grabación y mezcla, y solo trabajé en la grabación y mezcla de las piezas originales de la banda sonora de Hania Rani, no en ninguna otra pista. Así que, para responder a tu pregunta, no trabajé en la versión de Love Theme». Había que seguir indagando porque Greg tampoco sabía de dónde había salido la versión jazzística de Espartaco.




Tras unos días de investigación pude encontrarla y averiguar cosas sobre su historia. Me sorprendió que, apenas año y medio después del estreno de la película de Kubrick, un compositor e intérprete norteamericano llamado Yusef Lateef, figura relevante en el jazz, había publicado un disco titulado Eastern Sounds en el que, entre sus pistas, se encontraba una versión del Love Theme de Espartaco… que es precisamente la utilizada por Joachim Trier para su película nada menos que 63 años después.

La cosa no queda aquí, puesto que descubro que Lateef (fallecido en 2013 a los 93 años) había versionado en este disco más temas inmortales de la música de cine… y aún más clásicos que el de North. Así, aparece una curiosa variación del tema principal de La túnica sagrada que Alfred Newman compusiera en 1953. Escuchar algo escrito para una película religiosa adaptada al jazz es una experiencia inefable que no había tenido ocasión de experimentar anteriormente porque ciertamente jamás se deja de aprender y de descubrir cosas. Me faltan vidas para conocer tantas creaciones –a veces acertadas, otras experimentos poco ortodoxos pero siempre enriquecedores- y me sorprende que la gente pierda el tiempo crispándose o escribiendo cretinadas en redes sociales en lugar de aprovechar las infinitas posibilidades que te da conectarte al mundo para ampliar conocimientos en cualquiera de los ámbitos que puedan interesar, privilegio que no tenían nuestras anteriores generaciones. Pero eso es otra historia.

Os dejo un vídeo en el que hablo sobre la versión jazzística de la obra de Alex North para Espartaco y un vídeo final con la secuencia donde se incluye e inmediatamente después la de la película original de Kubrick. No me he resistido a comentar Valor sentimental como película, tan Bergmaniana ella. Un filme con muchos protagonistas temáticos (los seres humanos, sus miedos heredados y dudas, el rencor, la casa familiar…), que son trasladados al espectador a través de una mujer reticente a aceptar a un padre cineasta que jamás atendió a su familia como ella esperaba y que regresa con un guión debajo del brazo para rodar su canto de cisne proponiéndole a su hija que encarne el papel protagonista. Ella lo rechaza por despecho, como castigo a un progenitor que, sin que ella lo sepa, ha hecho de su historia un elemento redentor de su pasado, un hálito de esperanza en recomponer una situación perdida hace muchos años. Y ya no cuento más porque está en Filmin y en Movistar+.

Otro día hablamos de lo que me recuerda el tema The Three Faces Of Balal, original de Yusef Lateel incluida en el disco Eastern Sounds, al tema principal de la película Atrápame si puedes compuesto por John Williams en 2002. Nada de extrañar dado los inicios e influencias del compositor norteamericano y la época en la que se desarrolla la historia.

PINCHAR ENLACE AL VÍDEO: https://youtu.be/WFzLZzYHlfI?si=BXGdImJk1UMTpQ39

jueves, 30 de abril de 2026

La máscara del zorro, Horner y Fauré



De los compositores clásicos que pudieron inspirar a James Horner para «La máscara del zorro» entre los que se cita constantemente a Ravel, ayer volvió a sorprenderme la (maravillosa) presencia de Gabriel Fauré. La película, que no pasa de ser un ejercicio liviano de entretenimiento, cuenta con una partitura que tiene mucha más miga de lo que creen incluso muchos de los seguidores de Horner.

Anoche la revisé para un proyecto que verá la luz a saber cuándo y volvió a aparecérseme la magnífica obra de Fauré, que entre los años 1886 y 1888 escribió uno de los requiem más bellos de la historia de la música y sin embargo más olvidados. Una década antes, el compositor francés musicalizó un poema de Sully Prudhomme con su «Au bord de l'eau», cuyas notas son 'tomadas' por Horner en su tema de amor para la película de 1998.

No hay plagio, al menos yo no lo veo así. Contemplo un extraordinario paralelismo narrativo entre el tema de Fauré, dedicado al paso del tiempo y al amor, y la narrativa musical de Horner para una película en la que el transcurrir de los años (Diego de la Vega-Hopkins y Alejandro Murrieta-Banderas marcan esa línea argumental) y la presencia constante del amor, plasmada por los personajes femeninos de Esmeralda y Elena, constituyen el argumentario principal más brillante en la música de la película que en la propia película en sí que, como es lógico ante lo que los espectadores esperan, se distrae en la aventura y la parodia.

E insisto, es imprudente, injusto e incluso de ignorantes tildar de plagio muchas composiciones cinematográficas por encontrar similitudes con la música clásica. El compositor audiovisual realiza un trabajo narrativo de la imagen a través de la partitura que va mucho más allá de notas coincidentes y, en casos como este, incluso conceptuales. Negar la base de donde está todo es tan erróneo como despreciar lo creado con tanto talento.

jueves, 23 de abril de 2026

Día del Libro



Hoy, 23 de abril, es el Día del Libro, jornada ideal para recordar lo feliz que en estos más de dos años me ha hecho #lasbandassonorasparadespedirlosdias y el inesperado recorrido, con dos ediciones agotadas, de un libro que Conrado Xalabarder (Fotogramas) calificó como "muy hermoso", que entre tanta fealdad existente hoy día es lo más bonito que pueden decir de algo que has parido. Algún que otro ejemplar queda para alguien rezagado que ame las bandas sonoras y el papel que desempeñan en las películas, en la web www.lasbandassonorasparadespedirlosdias.webnode.es están los datos.

Buen día para celebrar todos estos meses de tantos momentos bonitos y la amistad como la de mi amigo Paco Martín, el mejor fotógrafo del mundo, con el que tantas aventuras cinematográficas y periodísticas he corrido en más de tres décadas, y que en plena copa hace varias noches para contarnos cosas se le ocurrió sacarse de la manga un regalo para mí que tiene mucho que ver con el día de hoy y la vida de un grande del cine.

Una copa de vino, un libro y un amigo de verdad: ¿Necesitas algo más? Que ya estamos mayores para pamplinas y para perder el tiempo.



lunes, 20 de abril de 2026

«Silencio», de Martin Scorsese (2016)

Cuaresma y Semana Santa son fechas en las que suelen repasarse las películas que tratan la figura de Jesucristo o de contenido religioso.

Recientemente aproveché para saldar la deuda que mantenía con Martin Scorsese cuando, en 2016, estrenó Silencio, que no llegué a ver en su día. Considerada como una de las películas malditas del cineasta, costó 50 millones de dólares y apenas recaudó veintitrés. Su escasa distribución en España y el hecho de contar con un metraje de dos horas y media y un tema complejo la perjudicó en su momento.

Silencio es una extraordinaria película que nada a contracorriente con los tiempos, algo que supongo Scorsese ya sabía desde que se propuso hacerla hace ya casi cuarenta años, justo después de que rodara La última tentación de Cristo, con la que el filme protagonizado por Liam Neeson, Andrew Garfield y Adam Driver tiene mucho que ver según lo reflejado en el papel encarnado por el actor que ha dado vida a Spiderman en las últimas películas de la saga. El jesuita Sebastião Rodrigues, junto a su colega de hábitos Francisco Garupe, emprende un viaje iniciático en busca del que fuera su mentor en las enseñanzas jesuíticas, el padre Ferreira (Liam Neeson), quien ha apostatado del cristianismo y se ha aferrado al budismo en una nueva vida en el Japón del siglo XVII. Rodrigues sufre las tentaciones provocadas por una tormentosa tesitura en su padecimiento en un país que tortura a los cristianos: si no reniega de su religión, morirá como mártir y no podrá continuar su labor evangelizadora. Si apostata como hizo Ferreira, los japoneses conversos al cristianismo no serán asesinados, pero para ello debe pisotear y escupir sobre los símbolos cristianos que los nipones le imponen ante sus ojos, en un ritual por el que se formaliza la negación de Jesucristo. Lo que hagan los japoneses convertidos no importa, porque las autoridades van a matarlos de igual manera: lo que quieren es erradicar al evangelizador, que sirva como ejemplo, cercenar la raíz que, si crece, cambiará la filosofía de vida de un país en el que jamás triunfaron las enseñanzas de Jesús.

En esta lucha se mueve Silencio, a la que rápidamente relacioné con dos títulos icónicos en la historia del cine: Apocalypse Now y La misión. La primera, porque Ferreira se convierte en un nuevo coronel Kurtz, perdido en el Japón más cerrado tanto como Brando en la selva con los indígenas en su papel. La segunda, porque la evangelización e incluso imágenes similares evocan la película de Roland Joffé, pero en este caso no en Sudamérica sino en el país nipón donde en el siglo XVII se persiguió con saña a los cristianos.

Pronto nos percataremos de que Silencio es más profunda que las cintas de Coppola y Joffé, que los careos entre Rodrigues y el inquisidor japonés que lo retiene son la mesa y el mantel para que el espectador se sirva unas desasosegadoras dosis que nos obliga a ver los pros y los contras de renegar para salvar o jurar fidelidad para seguir construyendo el mito martirial tan unido al cristianismo evangelizador. Y entre todo ello, la constante llamada de Rodrigues a Cristo desde su interior para que le dé sentido a lo que está viendo. Un grito que recibe, precisamente, silencio. O eso es lo que creemos.

A un apasionante repaso a la moralidad humana se unen los formalismos (en lo positivo del término) de Scorsese a la hora de hacer cine, un director entre los que mejor ruedan en la historia del cine contemporáneo. Espacios geométricos en su más puro estilo con simetrías, escenas cenitales clamorosas, montaje impecable… Puro cine lastrado por un metraje algo excesivo pero sobre todo por la incompresión del público actual, que no quiere saber nada de películas que hagan pensar y aún menos en disquisiciones del alma.

Yo, que me he llevado diez años sin disfrutar esta joya que puede visionarse en Movistar+, me arrepiento muchísimo de haberla demorado.

Enlace para ver la videocrítica en #UltimoEstreno: https://youtu.be/rONtTiPup7E?si=MqRmSf630_sGhP0-

martes, 24 de marzo de 2026

La vida y la música se abren camino gracias a la ROSS

Siento la tardanza en publicar esta crónica, reportaje o análisis musicológico (que es más cursi llamarlo así, pero más acertado) del concierto que la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) ofreció el pasado 23 de enero interpretando la música de Jurassic Park con la proyección de la película en pantalla cinematográfica. A estas alturas, el contenido informativo del evento ha perdido actualidad, pero creo que no sucede así con el análisis de una de las partituras más populares de John Williams.

En las próximas líneas os dejo esta aventura a la que os invito a adentraros más detalladamente a través de texto, vídeos y fotografías que viene a profundizar respecto al vídeo que publiqué días después del concierto y que podéis ver pinchando aquí: https://youtu.be/nVovMs539JY

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Haciendo una excepción con respecto a lo que mandan los cánones periodísticos, esta crónica del concierto que la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla ofreció el 23 de enero de 2026 con la banda sonora original de la película Jurassic Park comienza por priorizar un agradecimiento, es decir, algo que suele convertirse en la apostilla del contenido principal, en los créditos finales de una película que solo llegamos a ver quienes compartimos sala con el personal encargado de la limpieza que se afana en dejarla inmaculada para la siguiente sesión y al que el tiempo apremia en cada barrido. 

Pero es de justicia agradecer a la ROSS que la música de cine forme parte, un año más, de su programación anual de conciertos. Y que las instituciones y firmas patrocinadoras sigan apostando por ello, porque en la perenne y necesaria reivindicación que hacemos de las bandas sonoras cinematográficas, no nos cansaremos de repetir que es un género que nos acompaña diariamente sin que, en muchas ocasiones, nos percatemos de ello. Algo orgánico en nuestra cotidiana manera de vivir. Sintonías y anuncios de programas televisivos y radiofónicos, espectáculos festivos cuyos organizadores se ven necesitados de cierto tipo de música, géneros que muchos siguen desconociendo el elevado grado de porcentaje deudor de la música para la pantalla,… Un (maravilloso) bombardeo inconsciente para los legos en la materia y una apasionante forma de vida audiovisual para quienes así lo decidimos hace ya décadas.

Por ello, que la ROSS considere que la música de cine debe tener su lugar es de agradecer. Tengamos en cuenta además el hecho de que, en los últimos doce meses, la orquesta hispalense ha ofrecido tres espectáculos con cuatro conciertos de gran calado en este sentido: el de la BSO de El Señor de los Anillos en febrero-marzo (pinchar aquí para ver la crónica), la clausura del Festival de Cine de Sevilla en noviembre por partida doble (leer la crónica) y el Jurassic Park in Concert el pasado 23 de enero bajo la dirección del maestro Anthony Gabriele, cuya solvencia y buen hacer en marcar los tiempos de la partitura de John Williams viene demostrando desde hace ya años, poniéndose al frente de distintas formaciones musicales con la misma fórmula que la ROSS ha decidido emplear atinadamente en los últimos tiempos, consistente en la proyección de la película íntegra en pantalla gigante a la que los músicos le incorporan en directo los temas correspondientes en cada secuencia del filme, respetando fidedignamente el montaje definitivo que en su día trabajaran compositor y director para crear la película definitiva. 

Se trata de una propuesta que los amantes de la música de cine valoramos más allá de los conciertos con temas principales conocidos de películas, porque con ella tenemos la oportunidad de escuchar en directo las composiciones que los músicos han escrito para escenas concretas que, bien por su dificultad para ser recepcionadas con agrado por el público más lego o por una incidentalidad catalogada erróneamente intrascendente o ‘de relleno’ para las imágenes, no tenemos la oportunidad de disfrutarlas en directo y apreciar las dificultades que para determinados instrumentos suponen o la riqueza orquestal de la que hacen gala. Un ejemplo de ello lo tuvimos en el auditorio de Fibes en Sevilla el pasado 23 de enero cuando la ROSS dio rienda suelta al que particularmente considero el momento musical más relevante de la película y la partitura de John Williams para Jurassic Park: la llegada de la expedición protagonista a Isla Nublar en helicóptero, sobrevolando la inmensidad del mar, la irrupción de los instrumentos de viento metal en todo su esplendor precedidos por el golpe de címbalo cuando el multimillonario Hammond advierte entusiasmado que están llegando al lugar donde su capricho se ha hecho realidad, reiterado instantes después, en toda su magnificencia, en el aterrizaje en el que las trompas y tubas reinciden en el espectacular tema al más puro estilo Williams no solo musical, sino en su objetivo narrativo como divisorio de secuencias, en el que la aparición de temas orquestales abiertos tras escenas silenciosas o dialogadas es marca de la casa del compositor y no solo en el cine spielbergiano. 


En este sentido, cabe recordar obras no tan reputadas como la primera secuela de Tiburón, que dirigió Jeannot Szwarc, en la que se emplea este mismo recurso quince años antes de musicalizar la epopeya jurásica, en la que Williams nos dejó un tema principal mucho más retentivo para los oídos de los espectadores del filme y del concierto en Sevilla que prácticamente cubrieron el aforo de varios miles de butacas del auditorio de Fibes que en principio iba a acoger dos conciertos, 22 y 23 de enero, si bien días antes la organización anunció que la cita de la primera jornada del jueves quedaba suspendida «debido a problemas logísticos y técnicos imprevistos», lo que obligó a realojar el viernes a quienes ya habían adquirido entrada para el día anterior si mostraban su deseo de asistir en lugar de optar por el ofrecimiento de la devolución del coste de la entrada. 



Una banda sonora narrativamente perfecta

El concierto de la ROSS fue un extraordinario espectáculo dedicado a una banda sonora de las más populares de Williams, tanto por el fenómeno generado por la película como por la citada facilidad para retener en el oído un tema principal que en su momento dio lugar a cierta polémica por sus similitudes con la música que Quincy Jones había compuesto ocho años precisamente para la película de Spielberg El color púrpura, curiosamente una de las pocas cintas de toda la carrera del cineasta nacido en Cincinnati que no ha musicalizado Williams. La virtud de ser asimilada con cierta facilidad no significa simplicidad en su composición ni resta mérito al talento del compositor. Si fuera así, tendríamos que culpar erróneamente a Alex North de componer una banda sonora ‘sencilla’ para Espartaco por su tema de amor. Hay tanta música elaborada en la partitura de North como en Jurassic Park de Williams, y si no, vuelvo a reivindicar los nueve minutos de secuencia de la llegada a Isla Nublar, recogidos en un solo tema en el disco de la edición original de la BSO.

Quizás Jurassic Park no sea un dechado de música a lo largo de más de dos horas de duración de la película, pero quienes asistieron al concierto el 23 de enero tuvieron el privilegio de comprobar que no por musicalizar más secuencias el producto final es mejor. Personalmente considero que Jurassic Park es uno de los ejercicios narrativos de Williams de los más selectos de su carrera, en contraposición a la música si la valoramos por sí sola. Pero no nos olvidemos que estamos hablando de música DE CINE, premisa fundamental en nuestro ámbito de análisis. Williams, maestro tendente a fagocitar la imagen con su impresionante talento musical, realiza un admirable ejercicio de contención y es de agradecer. Así, dio gusto ver al maestro Gabriele visionando con cierta relajación secuencias como la del Tiranosaurus Rex comenzando a hacer estragos en la lluviosa noche, los efectos sobre Dennis Nedry del ‘angelical’ Dilophosaurus o la espectacular secuencia de la huida del paleontólogo Alan Grant y los niños Lex y Tim en la estampida de los gallimimus, algunos de los cuales terminan sirviendo de festín al Rex. Peritas en dulce en lenguaje coloquial para musicalizar que Williams decide no interferir a favor de los efectos de sonido y de un silencio musical que costaría practicar a cualquier compositor.


Las alabanzas del maestro Williams a la ROSS 

Por lo tanto, la distensión le duraba al maestro Gabriele y a los músicos de la ROSS lo que acertadamente decidió en su día Williams a la hora de aportar su talento a una película proyectada en el concierto en dos partes, una primera de 70 minutos con una pausa de alrededor de veinte y una segunda mitad de casi una hora. Tiempo en el que una parte de los espectadores pudieron ver y leer con mayor detenimiento el tríptico que se les entregó a la entrada de la sala, editado a todo color y que muchos estarán preguntándose en este momento qué interés puede tener su mención. Es obvio que no tendría mayor relevancia que convertirse en pieza de recuerdo para los más fetichistas sin mayor mención en esta crónica si no fuera porque en una de sus caras incluyó un texto firmado por el propio John Williams y personalizado para este concierto en concreto. Bajo el epígrafe titulado «Nota del compositor», el creador de la banda sonora expone algunas cosas interesantes y toda una loa a la calidad de la orquesta sevillana, afirmando que «esta noche podemos deleitarnos con el magnífico sonido que produce la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla al interpretar la banda sonora completa en directo junto a la proyección (…) sé que hablo en nombre de todo los que participamos en la realización de Jurassic Park al decir que nos sentimos profundamente honrados por este evento». Todo un lujo contar con estas palabras del maestro Williams directamente remitidas a los organizadores del evento, y firmadas a pie de texto con su rúbrica de puño y letra reproducida en el tríptico.




La ROSS, experta siempre en trasladar a los espectadores de sus conciertos los códigos emocionales de la música cinematográfica, supo contagiar al público de los tres elementos esenciales que conforman Jurassic Park y con ella su música: la monumentalidad de un proyecto mesiánico que trata de burlar el hecho de que la naturaleza se abre paso por sus propios medios, reflejada principalmente en el tema citado de la llegada a Isla Nublar empleado también en la lucha final del Rex contra los velociraptores; el ámbito humano y emotivo relacionado con la creación de la vida traducido en el melódico tema principal utilizado la primera vez cuando aparecen los dinosaurios armónicamente en el hábitat creado para ellos a la vista de los asombrados y emocionados paleontólogos, en los braquiosaurios y el tierno momento con los niños y el doctor Grant en el árbol o en el tema ferial y melancólico que suena durante el relato de John Hammond y su circo de pulgas. Y en tercer lugar, los temas a caballo entre el terror, el suspense y la acción con especial interés nada más comenzar la película en el incidente con el velociraptor enjaulado, cuya música está compuesta al más puro estilo de las puestas en escena iniciales Spielberg-Williams (me resulta memorable en este sentido la que lograron para Indiana Jones y el templo maldito) y que, dicho sea de paso, convierten al maestro en el heredero más diáfano de quien diera los primeros pasos para convertir la música de cine en un elemento narrativo: Max Steiner. De hecho, son sorprendentes las similitudes estilísticas (no de notaciones) del tema relativo a la isla del King Kong de 1933 con el de Williams para la mencionada secuencia inicial de Jurassic Park, todo ello explicado en el vídeo del análisis musicológico cuyo enlace expuse en las primeras líneas de este texto.

Popularizar la música de cine inapropiadamente

Con una sincronía extraordinaria con la imagen y los aplausos enfervorizados del público en los créditos finales de la película, al sobresaliente éxito de la ROSS en este concierto solo hubo que ponerle dos inconvenientes ajenos a la contrastada calidad de la orquesta: faltaron los coros que en algunos momentos acompañan a varios temas de la banda sonora, aunque podemos ser condescendientes porque son testimoniales y fugaces y por lo que supone una masa coral de encarecimiento económico presupuestario, y la sorprendente permisividad de la organización para que el público comiera y bebiera en cualquier momento del espectáculo. El descanso, que es algo que interrumpe la película cuando nadie está cansado como sentenciaba mi admirado Carlos Pumares, se incluye en un concierto de esta índole tanto para los músicos como los asistentes, que tienen además la oportunidad de consumir en las cantinas habilitadas a tal efecto durante los veinte minutos que se destinan para ello. Resulta incomprensible por lo tanto que durante el desarrollo del evento se permita que decenas de espectadores utilicen las bandejas de los asientos para colocar bebidas, bocadillos o paquetes de chucherías o patatas, provocando durante el concierto ruidos a veces enormemente molestos, en especial de envoltorios de plástico o aluminio, caídas de contenidos, trasiego de servilletas y pañuelos y todo un sinfín de gestos impropios en un concierto de una orquesta sinfónica. Porque no olvidemos que este espectáculo no se reduce a una sala de cine en la que se proyecta una película, sino principalmente un acto artístico musical de gran envergadura en el que, como en todo evento de esta índole que se precie, es necesario guardar el debido silencio, no solo por respeto al propio público, sino principalmente a los músicos. En tantos años asistiendo a conciertos jamás ha vivido algo tan inaudito ante la permisividad del personal de mantenimiento y acomodadores de la sala.

Popularizar la música orquestal está muy bien, pero pagar como precio faltarle el respeto e interferirla por hacer negocio vendiendo comistrajos es algo tan escandaloso como el ruido de las bolsas que los contienen. Quiero entender que, con la pasividad mostrada por la organización en ese sentido y ante la cantidad de espectadores consumiendo sin comedimiento alguno, se abrió una peligrosa veda a la cual los primeros en oponerse deben ser los profesionales sobre el escenario, a los que, independientemente de esta circunstancia ajena a la gran calidad de lo ofrecido, ya esperamos impacientemente en la próxima apuesta que la ROSS dedique a la música de cine en su programación para la temporada venidera.