Ha muerto Juan Tamariz. Antes de demostrar que era el número uno creando magia, su deseo fue ser director de cine. En 1969 hizo el cortometraje «El espíritu» tras su experimental «Muerte S.A.» en 1967 como práctica de sus estudios en una escuela que le aburrió tela y que además cerró, así que se dedicó a hacer felices a los demás a través de otra manera de engañar maravillosamente al ojo humano.
«El espíritu» cuenta una sesión de espiritismo en la que se aparece el fantasma de una mujer. Además, analiza la fascinación que los ilusionistas han sentido hacia el cine desde sus inicios, viéndolo como una forma de promocionar sus números e impulsar sus carreras artísticas. No está disponible en ninguna televisión ni plataforma. Lo custodian en la Filmoteca Española y no puede verse por el gran público. Fue también el primer trabajo de Carmen Maura antes de entrar en el cine por derecho.
Ahora que Tamariz nos ha dejado, al menos RTVE podría hacer lo posible por incluir «El espíritu» en su catálogo.
El entrañable mago vivía entre Madrid y San Fernando (Cádiz) desde hacía décadas, asiduo cliente de la Venta de Vargas. Tuve el placer de entrevistarlo hace ya años. Aunque Juan buscaba en el sur la tranquilidad que no encontraba en la capital española, podía haber sido el asesor ideal para que los gobernantes de turno de uno y otro signo y de distintas épocas hubieran puesto a la ciudad, a la Bahía de Cádiz, en el centro neurálgico del ilusionismo mundial, bien en forma de congresos, conferencias, encuentros o cualquier cosa que aportara eso tan manido que llaman 'dinamización económica' (y cultural, oiga) con mayúsculas. Pero aquí estamos ocupados en otras cosas y carajotadas mientras nos miramos el ombligo lleno de pelusa.


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