martes, 1 de septiembre de 2026

«La desaparición de Josef Mengele»


La justificación para considerar «La desaparición de Josef Mengele» como una película tremendamente interesante podría basarse en su
tratamiento 'inverso' del blanco y negro y el color, la concepción fotográfica de cada plano con un virtuoso aprovechamiento del campo de visión, la utilización de la música y de los sonidos invasivos (extraordinario el uso de los ladridos de los perros mientras el sádico protagonista justifica sus atrocidades), la solvente narración saltando en el tiempo con las complicaciones que ello supone en el cine para que ofrezca resultados positivos o la inconmensurable interpretación de August Diehl.

Pero junto con las excelencias artísticas y técnicas de la película, lo más importante de ella es la necesidad de que veamos un cine que trate la historia de unos sádicos carniceros que llegaron a gobernar un país crucial para nuestra civilización, extendieron sus soflamas y dejaron el mundo hecho trizas tras anunciar que venían mil años de gloria, buscada e implantada sin contemplaciones desde los campos de batalla hasta el bloque 10 de Auschwitz donde Mengele jugaba a ser un dios —un diablo— de la medicina. Se han rodado miles de películas sobre esto, pero parece que se nos ha olvidado lo que sucedió hace tan solo ochenta años.

En la primera secuencia de la película, una de las más inteligentes, simbólicas y preocupantes sobre lo que parece que cada vez más ignorantes intentan justificar, un profesor maduro de la Universidad de Medicina de Sao Paulo muestra el esqueleto del médico nazi a un grupo de estudiantes. Antes de entrar a analizarlo como simple instrumento facultativo, el doctor pregunta en voz alta a los jóvenes: «¿Alguien sabe quién fue Josef Mengele?». Ni uno solo de ellos conoce el nombre.

Esta secuencia, demoledora con tan poco, y las imágenes en color que reproducen las grabaciones originales en 16 mm. de la familia Ovitz en Auschwitz, durísimas, mientras sus miembros -enanos- cantan y tocan instrumentos en el campo de concentración, resumen lo que se nos debe quedar más allá de la retina como puerta de valoración cinematográfica de una película, y que en este caso debe ser vehículo para que nos penetre el mensaje como un cuchillo y nos deje la marca de la cual no podemos volver a pasar como seres humanos.

Videocrítica y reportaje donde también os comento datos históricos sobre Mengele reflejados en libros como «Yo, comandante de Auschwitz» de Rudolf Höss, ya en este enlace del canal #UltimoEstreno. La película está en #filmin: https://youtu.be/8ITH66VliRM?si=k_j3YSGNTw5PhEhE

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