domingo, 5 de julio de 2026

30ª aniversario de «El jorobado de Notre Dame» de Disney. Análisis musicológico de una película maltratada


He acabado tarareando los temas de madrugada entre pesadillas, con la espalda aún más fastidiada de lo que la tengo de estar sentado frente a dos ordenadores, discutiendo conmigo mismo por conclusiones con las que seguramente no estaré de acuerdo mañana o pasado como algunos tampoco lo estarán hoy mismo. Pero estas tres semanas de estudio continuo de El jorobado de Notre Dame (1996) y su banda sonora ha sido una de las experiencias más emocionantes de los últimos meses en cuanto al cine y su música.

Cuando el compositor Alan Menken escribía en sus redes sociales hace varias semanas que se cumplía el 30ª aniversario de la película y ponía a parir el lema con el que se le había ocurrido a Disney destacar esta efeméride, lamentando además el menosprecio con el que durante todos estos años había sido tratada su banda sonora, me obligó gustosamente a volver a las armas en la lucha que desde hace tres décadas he mantenido defendiendo esta música ninguneada por Disney y maltratada por el público tanto como la película, tachada de demasiado oscura y adulta para el público infantil. De modo que me puse la armadura y, bolígrafo en mano (soy muy analógico en eso, qué le vamos a hacer) revisé nuevamente esta joya de la animación y de la composición musical cinematográfica. Si ya llevaba tres décadas deslumbrándome, comprobar aún más determinadas cosas me ha llegado a emocionar: cómo Menken deja claro que, para él, Frollo es un clérigo y no un juez (¿Gol musical a Disney o hecho subliminal consentido?); que la libertad la ansía Quasimodo cantando Out There, pero Menken lo plasma desde el inicio hasta el final; o que Esmeralda podía haber tenido notas étnicas o mágicas, pero su narración musical es la pureza nívea del amor tanto en su papel de redentora como de líder étnica y por supuesto mujer.

Menken me ha dejado exhausto, con un brazo dolorido (asoma amenazadoramente otro hombro congelado, cuatro años después del primero) y me temo que me tendré que tomar en serio la necesidad del descanso en verano, aunque hay varios frentes de otra naturaleza con faena por atender. Como Frollo y sus deseos hacia Esmeralda, debo practicar la contención y evitar la tentación que continuamente me provocan las películas que se me insinúan desde la nutrida videoteca y que además tientan mis bajos instintos musicales de manera inmisericorde. A ver si logro vencerla, aunque llevan embaucándome desde hace casi cuatro décadas: el próximo octubre se cumplirán 37 años desde que por vez primera hablé y escribí de cine en los medios.

Así que cuidaos de las altas temperaturas y feliz verano.

ENLACE PARA VER EL VÍDEO: https://youtu.be/TqzAgIymzU0?si=7YjHM1jbxvlKHF-T