He acabado tarareando los temas de madrugada entre pesadillas, con la espalda aún más fastidiada de lo que la tengo de estar sentado frente a dos ordenadores, discutiendo conmigo mismo por conclusiones con las que seguramente no estaré de acuerdo mañana o pasado como algunos tampoco lo estarán hoy mismo. Pero estas tres semanas de estudio continuo de El jorobado de Notre Dame (1996) y su banda sonora ha sido una de las experiencias más emocionantes de los últimos meses en cuanto al cine y su música.
Cuando el compositor Alan Menken escribía en sus redes sociales hace varias semanas que se cumplía el 30ª aniversario de la película y ponía a parir el lema con el que se le había ocurrido a Disney destacar esta efeméride, lamentando además el menosprecio con el que durante todos estos años había sido tratada su banda sonora, me obligó gustosamente a volver a las armas en la lucha que desde hace tres décadas he mantenido defendiendo esta música ninguneada por Disney y maltratada por el público tanto como la película, tachada de demasiado oscura y adulta para el público infantil. De modo que me puse la armadura y, bolígrafo en mano (soy muy analógico en eso, qué le vamos a hacer) revisé nuevamente esta joya de la animación y de la composición musical cinematográfica. Si ya llevaba tres décadas deslumbrándome, comprobar aún más determinadas cosas me ha llegado a emocionar: cómo Menken deja claro que, para él, Frollo es un clérigo y no un juez (¿Gol musical a Disney o hecho subliminal consentido?); que la libertad la ansía Quasimodo cantando Out There, pero Menken lo plasma desde el inicio hasta el final; o que Esmeralda podía haber tenido notas étnicas o mágicas, pero su narración musical es la pureza nívea del amor tanto en su papel de redentora como de líder étnica y por supuesto mujer.
Menken me ha dejado exhausto, con un brazo dolorido (asoma amenazadoramente otro hombro congelado, cuatro años después del primero) y me temo que me tendré que tomar en serio la necesidad del descanso en verano, aunque hay varios frentes de otra naturaleza con faena por atender. Como Frollo y sus deseos hacia Esmeralda, debo practicar la contención y evitar la tentación que continuamente me provocan las películas que se me insinúan desde la nutrida videoteca y que además tientan mis bajos instintos musicales de manera inmisericorde. A ver si logro vencerla, aunque llevan embaucándome desde hace casi cuatro décadas: el próximo octubre se cumplirán 37 años desde que por vez primera hablé y escribí de cine en los medios.
Así que cuidaos de las altas temperaturas y feliz verano.
ENLACE PARA VER EL VÍDEO: https://youtu.be/TqzAgIymzU0?si=7YjHM1jbxvlKHF-T
