domingo, 20 de febrero de 2022

Hay Liga, hay esperanza



Bueno, ya hace tiempo que sabemos que las involuntariedades no existen en el fútbol. Si el balón te da en la mano, sea en las circunstancias que sean, el árbitro de turno te pita el penalti y te quedas con la cara de palomo. Debe ser para ahorrarse la complicada tarea de aclarar si la manita sale a paseo con intención o es cosa de mala suerte. Ahora hay verdadera obsesión por ver al milímetro si el balón te roza un dedo viniendo de cualquier remate y te desuella el meñique, y así el equipo contrario se endiabla, empiezan todos a levantar las manos como locos y el tío del VAR le da al pinganillo. Tanta escrupulosidad estaría bien para esos que llevan en los genes endiñar patadas sin controlar la fuerza con la que entran, porque aunque en ocasiones no haya mala baba, puedes escoñar a un tío de por vida, pero que la pelota te rebote en el brazo es algo que debería formar parte de la capacidad interpretativa del trencilla de turno. Pero insisto, pitamos todas y evitamos decidir.
Y como eso es azín aunque no nos parezca bien, pues lo de Negredo fue penalti, porque su brazo no está pegado al cuerpo como si, en lugar de al fútbol, estuviéramos dándole al futbolín. Putada en toda regla que vino ya a ponernos los ojos como Fernando Trueba después de comprobar, apenas cinco minutitos antes, que Sergio González había revolucionado el sistema, mandando a paseo los extremos -con lo que aquí gusta ver a Salvi dejarse el balón atrás, porque corre más que cualquier cosa redonda- y colocando tres delanteros. "Mal día para experimentos", llegué a pensar. Extrañas pruebas y penalti al minuto tres: como para irse al cine a ver una de la Marvel, que se intuye aun peor que lo que podía ocurrir ayer por la tarde en el gafe Nuevo Mirandilla.
Y entre tanto sobresalto sufrimos una primera parte espantosa, para qué vamos a engañarnos, de esas del equipo como alma en pena hasta hace muy muy poquito, así que más vale quedarnos con la segunda mitad, en la que vimos a un Cádiz sobresaliente que se mereció los tres puntos ante el equipo más antipático del planeta, en donde hasta soy capaz de reconocer que Choco Lozano hizo varias cositas curiosas y un Negredo que se redimió con esa balón cruzado a portería que iba a cogerlo un guardia, de lo bien que lo mandó. Una lástima que Lucas Pérez no lograra el gol con aquel magnífico disparo que le dio en el coco a David Soria, cuando lo normal en estas cosas es que el propio portero la meta dentro, pero, el delantero cadista está demostrando que puede ser muy importante en la salvación del equipo, que por cierto, y gracias a que los de abajo no levantan cabeza y terminan goleados, está ahora a cuatro puntos, es decir, estamos mejor que el viernes. El partido del lunes ante el Granada es otra final porque si ganamos nos ponemos a un punto de ellos. Y después el Rayo, que va en picado desde hace ya semanas y los vamos a coger nerviositos perdíos.
Hay Liga y esperanzas. Muchas.

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