sábado, 14 de agosto de 2021

El pellizco de James Horner



Cuando algo que vemos o escuchamos -en general, que sentimos- nos toca la fibra sensible desde el primer momento en que somos partícipes de ello solemos decir coloquialmente: "Esto tiene pellizco".

En este sentido, y en la música de cine de las últimas cuatro décadas, existió un compositor cuyas bandas sonoras alteraban nuestra sensibilidad por razones muy marcadas. A la calidad musical de su obra se unía su admirable capacidad para convertir, cada una de sus composiciones, en protagonistas fundamentales de las películas, siendo mucho más que meros acompañamientos para acentuar la imagen. Es decir, no hablamos de 'elementos técnicos' que apostillaban la imagen como accesorios para poner la guinda a estas producciones, sino de creaciones inseparables de éstas, de 'narraciones musicales' absolutas, de guiones que contaban a través de la música las historias que nos muestran en el cine.

Creó 'su' música, su sello, independientemente de los débitos que todo compositor tenga con sus orígenes que no son deudas sino espejos en los que crecer para evolucionar y, con esas obras, hacer aun más grande la música de cine. Componía, orquestaba, dirigía a los músicos, arreglaba, con todo lo que ello supone para llegar a ser un músico completo. Capaz de escribir 'Aliens' el mismo año que 'El nombre de la rosa' o compaginar durante varios meses la gestación de la epopéyica 'Tiempos de gloria' con el drama doméstivo 'Mi padre'. De inmortalizar para el cine con su música películas débiles como 'Leyendas de pasión' o de escribir inconmensurables canciones tan dispares como las creadas para 'El busca del valle encantado' o 'Titanic'. Se habla hasta la saciedad del autoplagio -para mí un sello inconfundible-, pero no se defiende la camaleónica capacidad demostrada a la hora de escribir 'Fievel va al Oste' -score y canciones- o 'La máscara del zorro' algunos años después, por citar varios ejemplos.

Hoy, 14 de agosto, James Horner hubiera cumplido 68 años si no hubiera sido por aquel fatídico accidente de avioneta que acabó con su vida el 22 de junio de 2015. El pellizco de su obra que tantas veces nos había tocado la fibra sensible se transformó aquella mañana del recién inaugurado verano en un punzante pinchazo de dolor del que, en realidad, no nos hemos recuperado jamás, porque cada vez que se estrenan determinadas películas a lo largo de los años, nos preguntamos en nuestro interior qué hubiera compuesto James Horner para ella. Y ese otro pellizco, como una eterna condena, también nos acompañará toda nuestra vida junto con el de su legado musical.

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