sábado, 25 de enero de 2014

¿Hasta cuándo?

La fotografía muestra dos facturas de consumo eléctrico de una misma vivienda, con una diferencia de siete años. La primera es de enero de 2007, la segunda del mismo mes, emitida hace apenas unos días.

La comparativa nos sirve para demostrar el grado de filibustería a la que han llegado los negocios relacionados con la energía eléctrica. La factura se ha cuadruplicado, cuando el hogar en cuestión a las que se refieren ambas facturas sigue teniendo los mismos metros cuadrados y el uso de la electricidad se ha incrementado por dos 'importantes' factores: el primero, hay un televisor más que cada par de días se enciende dos o tres horas. Segundo, y seguramente fundamental, mi gato ha crecido desde 2007 a 2014, se ha hecho adulto, y quizás mientras el resto del mundo duerme haya decidido estudiar por las noches y no encienda una bombilla para hacerlo, sino las lámparas que vea a su paso. Por cierto, en estos siete años, absolutamente todas han sido sustituidas por las de bajo consumo.

Otra curiosidad: Se da la circunstancia de que, del periodo comprendido entre el 11 de noviembre y el 9 de enero al que corresponde la factura de 178 euros, la vivienda en cuestión ha permanecido cerrada seis días, a finales de noviembre y a principios de enero. Ni el gato, oiga, y nunca mejor dicho. Es decir, casi una semana en la que solo un frigorífico ha consumido energía.

Hagamos de abogado del diablo. ¿Usted ha montado arbolito de Navidad con luces? Sí. ¿Ha puesto en algunas ocasiones un pequeño aparato de aire caliente en el despacho para trabajar porque se le quedaban los pies helados? También. Entonces, ya está. La diferencia entre 47 y 180 euros mal contados va a ser del abeto y de la resistencia del calefactor de los chinos. Mecachis...

En apenas unos años, un hogar del país con más horas de sol de Europa y la zona con mayores vientos (lo saco a colación por aquello de las energías naturales y esos temas seguro que nimios para solucionar este robo) ha visto incrementada su factura de la luz hasta cuatro veces. Ayer me comentaban que la factura de enero le ha llegado a una familia con cuatro personas, superando los cuatrocientos euros.

La energía eléctrica, que debemos considerarla como un servicio básico por razones obvias, hace tiempo que ha comenzado a pagarse a precio de lujo, prohibitivo para las familias, para nosotros que, desde 2009, vemos cómo el desempleo asolas nuestros hogares, los salarios se reducen casi a la mitad en numerosas ocasiones y los medios de comunicación nos revelan los astronómicos estipendios logrados por antaño cargos públicos y ahora consejeros de empresas y multinacionales convertidas en millonarios cementerios de elefantes. Hágase senador o consejero de Endesa. Es la distinción de la nobleza más podrida que la de tiempos pretéritos. Y las más inútil para el ciudadano.

Ante esta situación, ¿qué hacer? Hay quienes reclaman una nacionalización de los servicios básicos, pero todo hace pensar que estamos mentando al diablo cuando hablamos de ello. Privatizan los paradores nacionales, existiendo hoteles por todos sitios, pero la sanidad, la educación, la energía es una sola y un bien común.

Queda, mientras tanto, protestar y agotar todos los cauces pertinentes. Hacedlo si os veis afectados. Este país debe dejar de dar asco por su indolencia, por la burrez en la que lo tiene sumido el fútbol diario, las zafiedades catódicas y el beaterío barato. Debemos salir a la calle, lograr que el 'Espíritu de Gamonal' nos descubra por fin que no hay quien pueda con un pueblo unido y, sobre todo, preparado. No tenemos derecho a indignarnos si no movemos un dedo para solucionarlo. Recuerda que el actual sistema social y político existe desde hace solo dos siglos y medio, cuando el pueblo francés decidió salir a la calle a proclamar la libertad, la igualdad y la fraternidad. No estoy invitando a cortar cabezas en una guillotina, pero sí a reflexionar sobre lo que realmente ha hecho el ser humano para cambiar el rumbo de la historia. Y siempre ha sido el pueblo decidido, no adormilado. ¿Cuánto nos tienen que tocar más el bolsillo, el pan de nuestros hijos, el salario de nuestros hermanos, para que decidamos responder?

Volviendo a las estafas eléctricas, recuerda también los repentinos cobros astronómicos que están incluyendo en las facturas (hasta 70 euros (!) por no tener instalado el Interruptor de Control de Potencia, cuya obligatoriedad ha sido desmontada por profesionales solventes en la materia. Aquí tenéis un enlace interesante: http://www.estafaluz.com/.

A luchar.



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