jueves, 30 de abril de 2026

La máscara del zorro, Horner y Fauré



De los compositores clásicos que pudieron inspirar a James Horner para «La máscara del zorro» entre los que se cita constantemente a Ravel, ayer volvió a sorprenderme la (maravillosa) presencia de Gabriel Fauré. La película, que no pasa de ser un ejercicio liviano de entretenimiento, cuenta con una partitura que tiene mucha más miga de lo que creen incluso muchos de los seguidores de Horner.

Anoche la revisé para un proyecto que verá la luz a saber cuándo y volvió a aparecérseme la magnífica obra de Fauré, que entre los años 1886 y 1888 escribió uno de los requiem más bellos de la historia de la música y sin embargo más olvidados. Una década antes, el compositor francés musicalizó un poema de Sully Prudhomme con su «Au bord de l'eau», cuyas notas son 'tomadas' por Horner en su tema de amor para la película de 1998.

No hay plagio, al menos yo no lo veo así. Contemplo un extraordinario paralelismo narrativo entre el tema de Fauré, dedicado al paso del tiempo y al amor, y la narrativa musical de Horner para una película en la que el transcurrir de los años (Diego de la Vega-Hopkins y Alejandro Murrieta-Banderas marcan esa línea argumental) y la presencia constante del amor, plasmada por los personajes femeninos de Esmeralda y Elena, constituyen el argumentario principal más brillante en la música de la película que en la propia película en sí que, como es lógico ante lo que los espectadores esperan, se distrae en la aventura y la parodia.

E insisto, es imprudente, injusto e incluso de ignorantes tildar de plagio muchas composiciones cinematográficas por encontrar similitudes con la música clásica. El compositor audiovisual realiza un trabajo narrativo de la imagen a través de la partitura que va mucho más allá de notas coincidentes y, en casos como este, incluso conceptuales. Negar la base de donde está todo es tan erróneo como despreciar lo creado con tanto talento.

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