domingo, 11 de enero de 2026

Crónica del concierto de la ROSS «España es...¡de cine!»

 Como os comenté recién finalizado el Festival de Cine de Sevilla el pasado noviembre, estuve presente en el concierto que la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) ofreció como clausura de este evento, una acertada iniciativa que invita a los aficionados al cine y a los festivales a prestar atención a un componente crucial del Séptimo Arte como es la música.

Tras publicar en #UltimoEstreno el vídeo del concierto, quedaba pendiente la crónica detallada y fotografías, que remití a SoundtrackFest al formar parte del equipo de redacción de este medio, el más importante a nivel mundial a la hora de ofrecer cobertura de los conciertos que se celebran internacionalmente y que tenemos el honor de ser español, dirigido por Gorka Oteiza, miembro de la Academia de Cine española.

Soundtrack Fest ha publicado recientemente el artículo, por lo que os lo enlazo a continuación para que lo podáis disfrutar en su web o, en todo caso, lo tenéis completo a continuación:

https://soundtrackfest.com/es/articulos/concierto-espana-es-de-cine-con-la-ross-en-sevilla-articulo-especial/


ESPAÑA ES…¡DE (MÚSICA DE) CINE!

La ROSS ofreció un concierto de clausura del Festival de Cine de Sevilla que sirve de ejemplo para reivindicar la extraordinaria música cinematográfica que se hace en el país desde los tiempos del reconocido sinfonismo clásico hollywoodiense


La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla sigue demostrando ser referente en España en la interpretación de bandas sonoras. Lo corroboran dos factores: la firme apuesta por incluir conciertos de música de cine en cada programación anual y la virtuosa ejecución de los repertorios que además lo conforman obras de estilos dispares, como fue el caso del concierto España es… ¡de cine! que acogió el Cartuja Center Cite el pasado 15 de noviembre de 2025 y cuyo título lo justificaba un compendio de bandas sonoras de películas de producción española y compositores de nuestro país.

 La ROSS se incorporó así a la fiesta de la 22º edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla, que venía desarrollándose desde el 7 de noviembre y cuyo evento de clausura paralelo a las proyecciones cinematográficas contó este año con la música como protagonista. Una iniciativa que el Consejo de Administración de la Orquesta y sus músicos parece que se tomaron mucho más en serio que la organización del festival en sí, porque en la tarde noche de su celebración no dio la sensación de que el espectáculo musical tuviera relación alguna con el SEFF. Nulo marketing y simbología presente en Fibes, ni siquiera en la sala del concierto y ni un solo directivo o representante del Festival pronunciando unas palabras al inicio que sirvieran tanto para dar la bienvenida como para, incluso interesadamente, justificar la cita musical y ‘venderla’ a un público que sintió la gelidez del inicio de un espectáculo que afortunadamente salvó —que es lo importante— la virtuosidad de los músicos dirigidos para la ocasión por el maestro Lucas Macías.


Virtuosidad, disparidad y versatilidad, porque el concierto generó en el aforo una mezcla de nostalgia y contemporaneidad gracias a la inclusión de obras clásicas, tanto del cine como de la televisión, que además apenas han sonado en directo en tantas décadas por parte de las orquestas, así como bandas sonoras del cine actual de varios de los compositores más interesantes del panorama nacional. De García Abril y Carmelo Bernaola a Alberto Iglesias, pasando por Manuel Parada, Jesús García Leoz o Fernando Velázquez. Un compendio sumamente interesante por lo prácticamente inédito de sus interpretaciones en directo, lo que supone un privilegio para los amantes de la música de lo audiovisual, y un abanico de distintos estilos que vienen a corroborar la calidad de la música compuesta en España desde la época más clásica del cine. De la música más romántica y melódica como la del maestro García Abril para Fortunata y Jacinta a la más rabiosamente dramática de Iglesias para La piel que habito, o el sinfonismo que no nos cuesta reconocer en el Hollywood clásico pero que somos incapaces de valorar en excelsas obras orquestales como Los últimos de Filipinas.

 El programa del concierto fue el siguiente:

  • ANTÓN GARCÍA ABRIL: Obertura de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España
    • Anillos de oro (títulos)
    • Fortunata y Jacinta (títulos)
    • El hombre y la Tierra
    • Monsignor Quixote
  • CARMELO BERNAOLA y GERARDO GOMBAU: Nueve cartas a Berta, Suite
  • CARMELO BERNAOLAVerano azul, Suite
  • FERNANDO VELÁZQUEZ:
    • Ocho apellidos vascos, Suite
    • Lo imposible, Suite
    • Lope, Suite
  • **INTERMEDIO**
  • MANUEL PARADA:
    • Nodo, Sinfonía
    • Los últimos de Filipinas, Suite
  • JESÚS GARCÍA-LEOZ: Bienvenido Mr. Marshall, Suite
  • JUAN SOLANO (Arr. Joaquín Anaya)Coplillas de las divisas (Americanos de Bienvenido Mr Marshall)
  • ALBERTO IGLESIAS: La piel que habito. Suite para violín y orquesta

Comenzó el concierto con la fanfarria que Antón García Abril compuso en 1987 para la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España. Un tema posiblemente desconocido para muchos con la excepción de algunos instantes que la institución utiliza en la ceremonia de los Goya y que supera en calidad —había que decirlo y se dijo— al que sí conocen los aficionados a la música de cine compuesto por Jerry Goldsmith, dos años después, para la Academia norteamericana. Con un motivo central clásico con cuerdas introducido por una poderosa percusión, posee dos pilares fundamentales para ser considerado un gran himno: la espectacularidad del cine reflejada en sus primeros movimientos y la solemnidad y elegancia institucional que toda pieza de esta índole debe poseer haciendo honor a la entidad para la que está dedicada. Sería recomendable que se habilitara en su web oficial una pestaña para que los usuarios y visitantes pudieran escuchar el ‘Himno de la Academia’ e incluso descargárselo, dándole así la relevancia que merece tanto la pieza representativa musical como su autor, al que precisamente la Academia ha dedicado últimamente espacios en su portal y redes sociales pero sin que sorprendentemente nos dé la oportunidad de deleitarnos con esta obra oficial.

El público trataba de sacudirse la extraña frialdad que invadía el recinto ayudado por una orquesta en estado de gracia con una propuesta a la que estamos poco acostumbrados. Porque el recorrido televisivo por la obra de García Abril fue extraordinario. Anillos de oro (1983) fue el primer ejemplo de lo excelso de la capacidad melódica del maestro turolense y de las obras maestras compuestas por entonces en el concepto más etimológico de lo que significa servir de punta de lanza a generaciones venideras. La obra musical audiovisual televisiva de García Abril explica numerosos temas principales de series contemporáneas, algunas de ellas escritas por sus discípulos, que son composiciones claramente surgidas de la armonía y elegancia del maestro. Anillos de oro sirve de referencia, como ejemplo, a temas principales de series como El secreto de Puente Viejo, compuesta por Álex Conrado como alumno aventajado de García Abril. Y cuando se tienen alumnos —y esto es un axioma— se es maestro y se hacen obras maestras.

Fortunata y Jacinta (1980) y la posterior interpretación de El hombre y la tierra (1974) sirvieron para dar a conocer en directo la inabarcable capacidad de García Abril para erigirse con su sello personal armónico pero también con su versatilidad a la hora de optar por una banda sonora tribal como la que necesitaba la serie de Félix Rodríguez de la Fuente para convertirse en una icónica producción televisiva. El fiel reflejo intelectual de Pérez Galdós y su obra plasmado en el tema principal de la serie dio paso a los ‘salvajes’ compases de 5/4, a uno de los ostinatos rítmicos más famosos de la televisión y que contagia al espectador-oyente de la sensación de movimiento constante y poderío de la naturaleza.


Un tema espectacular, de complicada ejecución para la orquesta, que lo defendió bien, y que pudo descansar regresando al intimismo de la bellísima banda sonora de Monsignor Quixote (1985), coproducción británica-italiana-española que protagonizó Alec Guinness, adaptación de la novela homónima de Graham Greene y con el trasfondo del personaje cervantino actualizado y el enfrentamiento ideológico político en el corazón de la España rural. Banda sonora prácticamente desconocida para el gran público, la elegante melodía, de corte eminentemente español, está sustentada por la guitarra —interpretada en el concierto por Estefan Sánchez Guisbert— a la que armonizan diversos instrumentos de viento metal. El tema que pudimos oír tiene una variación en los créditos finales de la serie televisiva en la que surge un instrumento que va a tener gran importancia en el tema siguiente que la ROSS interpretó según el repertorio y que dio paso a dos obras de otro clásico de la música audiovisual española: Carmelo Bernaola.

Hablamos del clavecín, instrumento que se convierte en protagonista absoluto de la banda sonora de Nueve cartas a Berta. Basilio Martín Patino dirige en 1966 su primera película para la que cuenta en el apartado musical con el maestro Bernaola, que compone una obra clásica, con la colaboración y participación del músico Gerardo Gombau que en la grabación original interpreta el citado instrumento. Una composición determinada geográficamente por el paisaje y el intelectualismo universitario que marca la historia del filme con sinopsis romántica y trasfondo social. Apuesta arriesgada de la ROSS al incluir esta banda sonora, conformada exclusivamente por el citado instrumento que interpretó con solvencia la pianista de origen moscovita Tatiana Postnikova.

Justo en el ecuador del concierto el público se entregó con calidez a la orquesta gracias a la segunda obra representativa de Carmelo Bernaola en el concierto. Y ojo porque, a pesar de que los compases y silbidos del tema principal de la serie Verano Azul que Antonio Mercero estrenó en TVE en 1981 son universalmente conocidos, no es hasta 2018 (casi cuarenta años después) cuando una firma discográfica se decidió por editar la banda sonora original de Verano Azul, conservada en los infinitos archivos del ente público. Si hace tan solo siete años fue editada a pesar del tiempo transcurrido y de su popularidad, pueden imaginar las escasísimas ocasiones que ha sido interpretada en directo por una orquesta o una banda sinfónica como fue el caso de la de Madrid en su grabación original. La ROSS decidió ofrecer una suite, por lo que los privilegiados que asistimos a este evento nos deleitamos no solo con el tema principal de la cabecera de la serie, sino también con los compases de algún otro tema como el dedicado al personaje de Chanquete, que interpretó Antonio Ferrandis, y sus notas valsísticas y marineras reflejadas en el acordeón con el que el personaje finalizaba alguna que otra jarana con la pandilla de chicos. Este instrumento armónico de viento fue interpretado en el concierto por Ramiro García Martín. El tema principal de Verano Azul es mucho más que los pegadizos silbidos de sus protagonistas en bicicleta. En su aparente sencillez, y tras el desarrollo de la melodía principal, el protagonismo secundario de los violines subyaciendo a las llamadas y al ostinato rítmico conforman un relleno textural no solo de gran calidad compositiva, sino ideal para acompañar al espíritu del tema y por lo tanto de la temática de la serie. Tenemos que calificar la interpretación de la ROSS como una adaptación del tema original puesto que, a pesar de su fidelidad, la partitura incluyó batería y caja de ritmos durante su interpretación, instrumento que no aparece de esa manera en la obra primigenia. Una melodía tan entrañable y pegadiza como la de Verano Azul dio alas a los espectadores para identificarse plenamente con la orquesta y vivir tres momentos diametralmente distintos.

A continuación, tres bandas sonoras que otorgaron el protagonismo al compositor Fernando Velázquez, uno de los nombres más destacados el panorama de la música cinematográfica española de las últimas décadas. El músico nacido en Getxo estuvo representado por obras muy distintas, la primera interpretada por la ROSS fue Ocho apellidos vascos, la segunda Lo imposible y la tercera Lope. Es decir, tiempo para la comedia, el drama y una historia de aventuras y amoríos más que una fidedigna recreación histórica.


Disfrutó de lo lindo el auditorio con la música que Velázquez escribió para la comedia que dirigió Emilio Martínez-Lázaro en 2014. Al decantarse por una suite, la ROSS pudo ofrecer al público las dos caras de la música que el compositor escribió para Ocho apellidos vascos, correspondientes a los dos pilares sinópticos de la película: la relación romántica de los protagonistas por un lado, reflejada principalmente por las cuerdas, y el uso del dinamismo musical y el ritmo de comedia para los momentos con situaciones humorísticas que el compositor quiso aderezar con el localismo musical contrastado entre la identidad andaluza y la vasca, utilizando para ello instrumentos como las castañuelas o especialmente la txalaparta. Los mayores aplausos se los llevaron los dos percusionistas de la orquesta que tuvieron el virtuosismo de interpretar los rápidos ritmos dispuestos por Fernando Velázquez en esta banda sonora a la hora de sonorizar con la txalaparta, un tipo de xilófono horizontal consistente en dos tablas gruesas de madera sobre la que son golpeados unos bastones cilíndricos llamados makilak que provocan un sonido seco originado por dos músicos. Brillante interpretación de esta banda sonora que puso la sonrisa en el rostro de los espectadores aunque los semblantes cambiaran escasos minutos después con la solemne y notable interpretación de Lo imposible (2012), en la que la orquesta contó con la preeminencia de las cuerdas marcadas por el chelo de Alejandro Olóriz y las voces del coro Códice dirigido por Esther Sanzo. Velázquez supo trasladar al pentagrama el dramatismo de la debacle natural reflejada en las imágenes de J. A. Bayona, convirtiendo especialmente el tema de los créditos finales en un himno elegíaco a modo de resumen en el que se basó la suite interpretada extraordinariamente por los músicos de la orquesta hispalense.

 La suite de Lope (2010) puso fin a la primera parte del concierto. Una eficiente y rica banda sonora de época, cuyo género no había tocado antes el compositor, con un hábil empleo de instrumentos identificativos españoles como la guitarra o las castañuelas en los ritmos más cortesanos y geográficos, alternando con momentos de acción y aventuras de instrumentación convencional y gran presencia de instrumentos de viento como la trompa o el oboe o de percusión marcial, que la ROSS supo trasladar con extraordinaria excelencia.

Ya en la segunda parte de España es…¡de cine!, la música de películas españolas de mediados del siglo XX tuvieron un protagonismo especial con actuación en directo incluida. El maestro Manuel Parada estuvo representado por dos obras, una de ellas de gran popularidad como fue la sintonía del No-Do, el noticiario cinematográfico del adoctrinamiento franquista, y la otra una de las bandas sonoras más destacadas de la historia del cine del país. Los últimos de Filipinas (1945) comienza con un tema al más puro estilo de los clásicos de Erich W. Korngold, con espectacular instrumentación de viento dando paso a elegantes cuerdas que desarrollan un tema a caballo entre la aventura y el dramatismo.

Música sinfónica reivindicable en las generaciones actuales que debería ser interpretada más en directo en los conciertos y que se agradece que la ROSS apostara por ella en este evento en el que dos nombres para una sola película cobraron especial protagonismo en la recta final del espectáculo: Jesús García Leoz y Juan Solano. Y es que las confusiones entre la autoría de la música y las canciones de las películas viene de lejos y este es un ejemplo de ello.

Primeramente, el maestro García Leoz es también otro músico reivindicable en directo, como demostró la suite de Bienvenido Míster Marshall (1953). Hilvanada por el ritmo binario que imponen los compases del pasodoble ubicado estratégicamente en la partitura, la banda sonora funciona como anillo al dedo para marcar lo tragicómico de una obra maestra cinematográfica, con una admirable versatilidad para enfatizar los momentos donde Berlanga muestra la entrañable ingenuidad del universo de personajes de Villar del Río o las situaciones humorísticas plasmadas especialmente en los sueños de los protagonistas la noche antes de la esperada visita de los americanos, cuya secuencia inmortal precisamente no está musicalizada por García Leoz, sino por la canción compuesta por Juan Solano con letra de Manuel Baz que, en el caso del concierto que nos ocupa, fue interpretada por separado y tras la suite del maestro Leoz en uno de los momentos más estelares de la noche. Así, orquesta, coro Códice —con la especial misión de animar y jalear con sus voces— y la voz en directo de la cantaora onubense Ana de Caro transformaron las tablas del escenario de Fibes en una fiesta a la usanza de los inolvidables momentos de celebración de los vecinos del pueblo ideado por el maestro Berlanga a punto de recibir a la comitiva americana.


Buena voz la de la artista flamenca ataviada con traje de flamenca interpretando Las coplillas de las divisas o Americanos… como es más comúnmente conocida, con arreglos de Joaquín Anaya, y momento simpático y musicalmente divertido en un concierto que teóricamente finalizó con las arrebatadoras cuerdas de un dramatismo exacerbado compuestas por Alberto Iglesias para La piel que habito (2011), con una impresionante interpretación al violín de Alexa Farré, concertino de la ROSS y con una dilatada trayectoria profesional. Quienes conocemos a Farré y su instrumento de cuerda gracias a otros conciertos anteriores de la orquesta sevillana solo podemos ensalzar el sonido virtuoso y puro del que hace gala esta intérprete y primer violín.


El concierto finalizó con un bis. Para la ocasión fue elegido el tema principal de Verano Azul de Carmelo Bernaola —no la suite interpretada anteriormente, sino el tema de cabecera de la serie suprimiendo la parte del tema de Chanquete— que, ya en la distensión de un público entregado, fue respondido por los asistentes con las palmas al ritmo de los acordes de quien también compusiera la sintonía de La clave, que queda pendiente para disfrutarla en directo quizás en la siguiente clausura musical del Festival de Cine de Sevilla si repiten esta acertada idea en la edición de 2026.


Por lo pronto, la ROSS ya prepara su próxima cita con el mundo del cine: los conciertos que los próximos 22 y 23 de enero de 2026 celebrará, también en Fibes, en los que interpretará en directo la banda sonora original de John Williams para la película Parque Jurásico mientras se proyecta el filme (enlace al programa y venta de entradas), a semejanza de la experiencia de la temporada anterior con El Señor de los Anillos (leer artículo completo).

 Que no pare la música… ¡de cine¡

Artículo y fotos por José Carlos Fernández Moscoso


CONCIERTO «ESPAÑA ES…¡DE CINE!» DE LA ROSS DE CLAUSURA DEL FESTIVAL DE CINE DE SEVILLA 2025

Video del concierto publicado en el canal Ultimo Estreno de José Carlos Fernández Moscoso (1h 17m):




FICHA DEL CONCIERTO

  • Título: «España es… ¡de cine!». Recopilación de bandas sonoras de películas y producciones audiovisuales españolas de diferentes épocas compuestas por Carmelo Bernaola, Antón García Abril, Gerardo Gombau, Fernando Velázquez, Manuel Parada, Jesús García Leoz, Juan Solano y Alberto Iglesias.
  • Fecha: 15 de noviembre de 2025.
  • Lugar: Cartuja Center Cite. Sala de conciertos con capacidad para 1.000 localidades. Asistencia: medio aforo.
  • Orquesta: Real Orquesta Sinfónica de Sevilla / Director: Lucas Macías
  • Coro: Asociación Musical Códice / Directora: Esther Sanzo
  • Cantaora: Ana de Caro
  • Acordeón: Ramiro García Martín
  • Guitarra: Estefan Sánchez Guisbert
  • Piano y clave: Tatiana Postnikova
  • Violín: Alexa Farré

viernes, 9 de enero de 2026

¿Pediste cosas de cine a los Reyes Magos cuando eras un niño?


Millones de niños del mundo ven colmadas sus ilusiones cada 6 de enero cuando reciben los juguetes que han pedido a través de las cartas que envían previamente a los Reyes Magos.

Una bonita tradición que, en muchas ocasiones, nos hace intuir los intereses en los ámbitos del ocio y lo profesional que marcarán a esos pequeños cuando cada año pedían una misma cosa que les marcó en algún momento previo de sus cortas vidas. En mi caso, el cine y su mundo me acompañan desde que tengo uso de razón, y las cartas de aquellos años setenta, cuando yo era niño, casi siempre incluían la petición de un proyector de cine. Pero yo quería algo mucho más 'profesional' que el popular Cine Exin o sucedáneos. Hasta que por fin lo tuve.

Este videorreportaje en #UltimoEstreno para iniciar el año contiene varias sorpresas con las que muchos os podéis identificar: el recordatorio de los juguetes que estaban de moda en los setenta, el proyector -que no era un juguete- que finalmente me regalaron y un repaso a las cartas originales que escribí a los Reyes Magos, ya que las conservo en perfecto estado tras habérselas 'pedido prestadas' a mi padre, que las ha venido conservando durante estas cinco décadas transcurridas desde que fueron escritas.

Todo esto sirve de excusa para que, a través de este vídeo, hagáis un recorrido por vuestra particular fiesta de Reyes Magos cuando érais niños, especialmente aquellos que ya han alcanzado el medio siglo de vida. Veréis 'ocurrencias de niños' a la hora de escribir cartas, juguetes que seguramente teníais olvidados, anuncios de TV que los promocionaban, dibujos que hoy son impensables que aparezcan en una carta de Reyes Magos, facturas originales de regalos de la época y otras muchas más cosas :-)

¡Disfrutadlo!

ENLACE AL VÍDEO: https://youtu.be/IJK-DrfvImQ

domingo, 4 de enero de 2026

Revoluciones y Venezuela


Ninguna revolución triunfa, desgraciadamente, sin violencia. Es la historia de la humanidad. Nuestra democracia moderna procede de las estructuras y principios, posteriormente evolucionados, de la extinción del régimen absolutista con el que la Revolución Francesa fue capaz de acabar. Podemos enumerar una interminable lista de pueblos alzados contra sus mandatarios en la búsqueda de las libertades. Pero las revoluciones no pueden vencer sin que el propio pueblo que padece el yugo de la dictadura decida llevarla a cabo apoyada en el poder que le confieren, por lo general, millones de ciudadanos y sus cauces naturales de organización: el statu quo laboral, económico, el de su ciudad o municipio, el familiar... Se trata de un enfrentamiento con un elevado coste de vidas, de sacrificios por el futuro de un país, lo que supone por extensión por lo de los familiares, hijos y quienes disfrutarán de vivir en libertad gracias a la lucha de sus antepasados. Es, en realidad, el concepto original de patria. La convicción de un pueblo por un destino común para su bienestar. La simbología, la manera de identificar a la comunidad, viene después, no al revés. 

Por eso las revoluciones, para que adquieran una incuestionable legitimidad, las deben de hacer los propios pueblos. Hay revoluciones más sangrientas y otras más calmadas, según las circunstancias históricas. España vivió una modélica transición que no comenzó con la muerte de Franco, sino mucho más atrás. El pueblo no decidió levantarse en armas, pero trazó, desde distintos ámbitos sociales, económicos y políticos, una senda que indefectiblemente tenía un punto de llegada: una democracia a la usanza del mundo occidental en el que estamos englobados. Ya en la transición 'oficial', las sensibilidades políticas supieron entenderse para hacer realidad lo deseado. Los errores o aciertos posteriores es otro cantar. Tampoco faltó el sacrificio con sangre, pero de una manera u otra, fueron los propios españoles quienes hicieron realidad un país en libertad.

La consecución de un estado en democracia puede venir apoyada estratégicamente desde el exterior, circunstancia que debe justificarse por la necesidad de armonizar una comunidad mayor (Europa, por ejemplo) o por intereses de cada parte. Existe legitimidad en ello. Pero cualquier actuación directa sobre la propiedad ajena debe ser un hecho excepcional, aceptado y aprobado por la comunidad internacional, y como factor de apoyo a los grandes cambios impulsados por quienes desde dentro deben provocar la caída del sistema dictatorial que padecen y construir las nuevas estructuras de un país como estado de derecho.

Por todo ello, es sumamente preocupante que el gobierno de un país viole el espacio de otro estado con un argumentario unilateral. En primer término, para la detención de su presidente y posteriormente para la supuesta ¿imposición? de un Ejecutivo ¿títere? Esta acción ha sido la que ha llevado a cabo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenando la detención del dictador venezolano Nicolás Maduro. Trump no ha invadido Venezuela, sino que ha apresado a su dirigente justificando su acción en acusaciones de tráfico de drogas y de armas. Es decir, lleva a Maduro ante los tribunales para aplicarle las leyes que rigen no en Venezuela ni en el mundo según el derecho internacional, sino dictadas por la justicia norteamericana. Como un narco de cierta relevancia con licencia de identidad estatal o pasaporte del país. 

A pesar de que Trump es consciente de la inexistencia de un tribunal mundial de drogas, pasa por alto la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), órgano de la ONU responsable de hacer frente al comercio y tráfico de estupefacientes y armas. Fundada en 1997, la UNODC tiene su sede en Viena (Austria) y una red de oficinas sobre el terreno en más de 150 países, entre ellos Estados Unidos, cuya central está precisamente en Nueva York, a donde han trasladado a Maduro. Quiero pensar que el derecho internacional es aplicable en su legitimidad a través de los órganos correspondientes de Naciones Unidas para cada caso en disputa, por lo que lo lógico sería que los supuestos proteccionismos o comercio ilegal de determinados países con cárteles de la droga deben ser tratados, analizados y sancionados/solucionados en el marco de la UNODC. 

Durante el 62° Período de Sesiones de la Comisión de Estupefacientes (CND) de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito celebrado el 14 y 15 de marzo de 2019 (hace ya casi siete años), el canciller de la República Bolivariana de Venezuela, Jorge Arreaza, detallaba una batería de medidas que el gobierno venezolano había comenzado a implantar para combatir el tráfico de drogas. Y sin paños calientes, Arreaza afirmó que «hoy, de acuerdo con el informe de la ONUDD del 2018, 146.000 hectáreas equivalentes al 69% del total de hectáreas que se dedicaron en 2016 al cultivo de coca en el mundo, se encuentran en Colombia, aumentando en consecuencia la producción de cocaína a niveles sin precedentes; 60% del total mundial. Los datos del 2017 demostraron que esta situación no mejoró, pues el cultivo de coca aumentó de 146.000 hectáreas a 171.000 hectáreas». (https://www.unodc.org/documents/commissions/CND/2019/2019_MINISTERIAL_SEGMENT/26March/Venezuela.pdf)

Más sorprendentes aún resultan sus siguientes declaraciones en la misma sesión: «Colombia sigue siendo la principal fuente de la mayoría de la cocaína incautada y probada en los Estados Unidos con aproximadamente el 93%, lo cual demuestra que mientras exista un gran número de consumidores, siempre habrá quienes quieran cubrir esa demanda. Hay aproximadamente 30 millones de consumidores en Estados Unidos. La droga que se produce en Colombia, con la DEA como vigilante, con bases militares con presencia de tropas estadounidenses, termina en la sangre, las neuronas y las tumbas de jóvenes estadounidenses. 70 mil muertes por año, 200 por día, 8 por hora ¿Cómo ocurre esto? ¿Cómo puede salir la droga que se produce en Colombia y llegar a los Estados Unidos sin que sea detectada por los sistemas de seguridad del país más poderoso de este planeta?».

Aún teniendo estos datos sobre la mesa, el presidente de los Estados Unidos emplea el argumentario del narcotráfico  y las armas para arremeter contra ¿Colombia? No. Contra Venezuela. A pesar de su habitual bravuconería al expresar sus ocurrencias a la hora de gobernar su país y sus delirios mesiánicos respecto al mundo, se cuida muy mucho de utilizar la metodología que tantos fracasos les costó a sus predecesores a la hora de aplicar una política expansionista. Trump no justifica su intervención en Venezuela para devolver la libertad al país, ni usa la fuerza militar en primer término como hicieron otros. Detiene a Maduro y doblega a un descabezado gobierno a plegarse a los intereses norteamericanos sin disparar un solo tiro. Trump es consciente, como nosotros, de que la ONU es un organismo incompetente para asumir y canalizar los problemas que asolan al mundo actualmente y no digamos ya sus oficinas satélites como la UNODC. Que ello le confiera legitimidad para apresar a un presidente de otro país va un trecho. 

Es probable que la única salida victoriosa a todo este entramado sea la entrega de los poderes a la oposición organizada representada por Edmundo González y María Corina Machado, al parecer los verdaderos ganadores de las últimas elecciones en el país caribeño. De esta manera, Trump habría eliminado a Maduro con una metodología muy dudosa pero Venezuela viviría una revolución pacífica para su pueblo. Volviendo al principio del texto, la violencia estaría presente como hecho ineludible en las revoluciones, pero con el dictador y sus seguidores como ovejas al sacrificio, que se supone son pocos ante las mayoritarias ansias de libertad de los venezolanos. La transición hacia una democracia sería gestionada por Estados Unidos con sus correspondientes cuotas de beneficios económicos (petróleo incluido) para, posteriormente, entregar el mando a González y Machado con el objetivo de continuar encarrilando una nueva Venezuela convertida en un país de la órbita estadounidense, algo que no debe alarmarnos porque España de hecho lo es como muchos otros países del primer mundo y con estados de derecho vigentes.

Me atrevo a decir que esta es la carta que jugará Trump, porque si no lo hace, ¿cómo van a admitir ahora los venezolanos un gobierno de Vichy? ¿Qué interés tiene Estados Unidos en hacerse cargo del gobierno de un país sine die, con el desgaste que ello supone?

La foto del artículo la hice en la calle de La Estrella, en Madrid, en diciembre de 2025. El número 9 es un gran edificio abandonado en cuya fachada han pintado estte graffitti.





jueves, 1 de enero de 2026

¿Se puede jugar en una recreativa arcade de los 80 con los juegos del ZX Spectrum?



Dos iconos del entretenimiento (y aprendizaje, por supuesto) de los adolescentes y niños de los años ochenta: las máquinas recreativas y los ordenadores personales. Las primeras se podían ver en los bares y especialmente en los salones recreativos, donde se daba cita diariamente una 'fauna' peculiar cuyos 'elementos' solo podía convivir juntos en estos locales: desde estudiantes de colegio a fumadores empedernidos, desde chavales con caras de despistados y gafas hasta los que la grifa era su pan nuestro de cada día. Y de los ordenadores, el más popular: el ZX Spectrum, que llega a los hogares españoles en 1983 para revolucinarlo todo. Se calcula que existen más de 20.000 juegos programados para jugar en esta máquina desde entonces hasta ahora, que aún se siguen creando programas para él. Pero... ¿se puede jugar a los juegos del ZX Spectrum en una recreativa de las de antes?

Puede que no conserves el ordenador y seas un coleccionista de arcades, hayas buscado por ahí una máquina antigua y quieras disfrutar en ella no solo de aquellos recordados Galaxian, Pacman, Scramble, Commando... sino también de Sabre Wulf, Raid over Moscow, Match Point, Manic Miner, etc.

En este vídeo podrás saber cómo puede jugar a esos más de 20.000 juegos en una arcade antigua. Sigue lo pasos poco a poco, parece complicado, pero... ¡sí, lo es, qué quieres que te diga!

Disfruta si lo logras y FELIZ AÑO 2026.

ENLACE AL VÍDEO: https://youtu.be/16fvKojPG8w