domingo, 1 de marzo de 2026

«Los domingos»: emosioengañao




«Los domingos» es la película triunfadora de los Premios Goya, que no me interesan en absoluto con la excepción de confirmar que ya hay más fantasmas entre acreditados de prensa y gente que va para mosconear colgando luego su fotito en redes que los figurines que suele haber entre los 'artistas' del cine.

«Los domingos» es una cosa curiosa porque el 99% de la gente que se siente atraída por la supuesta historia de una adolescente que quiere meterse a monja cree que va a ver algo que nos permitirá adentrarnos en la mente de la chica, poniéndonos en su lugar, con su punto de filosofía teocrática pero sin aburrir, con su existencialismo, su ética y moral y sus cositas que hagan pensar al espectador, todo ello contado por la boca de la niña y un qué me pasa tipo Regan cuando va descubriendo que también tiene algo en su interior pero mucho más jodido que una vocación. Corren tiempos en los que no está mal que una película nos haga pensar en cosas de la vida que se puedan convertir en motivos para que una chiquilla decida meterse en un convento. Pero es que resulta que aquí la niña es la sibilina excusa para contarnos la historia de una familia que, conforme avanza la película, se revela destrozada por cosas que terminan siendo más interesantes que la adolescente con cara de mutante callada cual Belinda. Cuando mis oídos ya se han adaptado a una película en la que no entiendo nada a los protagonistas porque no vocalizan un carajo, resulta que me interesa más el matrimonio en crisis de la tía de la chiquilla, el padre con su promesa respecto a la hipoteca, el niño del coro como macguffin, la abuela, etc. etc. Me interesa porque la película se va por los cerros de la familia y no por las interioridades de la futura monja, que era para lo que yo había ido al cine, no para ver una versión de «Gente corriente» con novicia in pectore. Así que, sin que la película esté mal -es mucho mejor que «Sirat», donde va a parar-, sí hay que decir que se opta por mostrar lo fácil, que son los traumas familiares, en lugar de lo difícil, que es la voz interior de una adolescente con la que conecto menos que con Netanyahu. Para colmo, no solo la chiquilla no dice ni mú, sino que no hay música narrativa que ayude a enfatizar -qué digo, a explicar- su lucha interior. No hay nada excepto repetidas canciones cual Oh Happy Day setentón.

En fin, que emosioengañao. Pero menos da una piedra, que ya nos darán con ella en un ojo cuando lleguen los Oscar, a donde los fantasmas que nos rodean más cercanos no llegan para hacerse fotos, aunque ya habrán descubierto la IA.

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