Hoy es el Día Mundial de la Radio, así que las redes van a colmatarse de comentarios maravillosos sobre este medio. Pocos van a decir que los estudios de las emisoras, con las excepciones de las más poderosas con sus centrales en Madrid, son lugares fantasmagóricos en los que ya no existe el trasiego de locutores, en los que se guardan ingentes cantidades de valioso material -desde vinilos a cintas con narraciones de momentos históricos para esas provincias y ciudades- que serán pasto de contenedores y parrillas rellenadas de trepas que no cobran pero con programas que les dan minutos de su gloria de mierda.
Y es que son preferibles los fantasmas del pasado, que sí existieron, que los del presente creados de la nada.

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