domingo, 12 de abril de 2020

Mi relación amor-odio con 'La última tentación de Cristo'


Siempre dije que mi relación con 'La última tentación de Cristo', de Martin Scorsese, es de amor-odio. 
Desde los inicios del cine, reflejar en pantalla la figura de Jesús fue una tónica habitual porque se trata de un personaje de gran relevancia histórica, pero encontrar una buena película sobre él es sumamente difícil. Las hay entrañables por lo que supusieron (las 'superproducciones' de principios de siglo de Ferdinand Zecca y Alice Guy), ortodoxas y acartonadas ('Rey de Reyes', con un Nicholas Ray en un momento bajo), edulcoradas ('Jesús de Nazaret' de Zefirelli), horteras ('Jesucristo Superstar' de Jewison), feas y videocliperas ('La Pasión' de Gibson)... Probablemente la mejor fuera 'La Pasión según San Mateo', de Pasolini.
Jesús atrae mediáticamente pero su historia es arriesgada en el cine. Se sabe lo que sucede y se conoce el final. Así no tiene gracia, juegas en desventaja al hacer una película sobre él, a no ser que aportes nuevas visiones bien en el desarrollo narrativo que minimice todo lo posible algo ya manido o le des una vuelta de tuerca guionísticamente y hagas algo interesante. Y como Scorsese es un tipo con cine muy interesante, se interesó por la novela de Kazantzakis, en la que Cristo hace cruces para los romanos y los judíos lo odian, mantiene relaciones sexuales con María Magdalena, Judas es su mano derecha, el demonio lo tienta hasta vencerle -aparentemente- y las majestuosas bandas sonoras de Rozsa, Jarre y compañía daban paso a sones étnicos con instrumentos de la zona palestina
¡Apasionante! ¡Algo distinto y con Harvey Keitel y David Bowie en el elenco! Pero cuando a Scorsese le da por ponerse trascendental más allá de lo cinematográficamente permisible y además se acompaña en el tratamiento del guión por Paul Schrader, que en ocasiones también se las trae, entonces lo que debe ser apasionante se convierte en algo 'que pudo haber sido y no fue'. Y 'La última tentación de Cristo' pudo haber sido una obra maestra -sin entrar en disquisiciones religiosas, tan solo cinematográficas- y se quedó en la película más interesante y atípica sobre Jesús pero plagada de minutos vacíos, pulsaciones a cero y vacilaciones guionísticas que no salvan ni un enorme Willem Defoe ni la estupenda Barbara Hershey, más 'puesta' en la película como elemento impostado y aislado para justificar la debilidad de Cristo cuando llega el momento que como personaje crucial del que extraer su jugo novelístico. Y todo eso me da muchísimo coraje. 
No obstante, la de Scorsese se ha convertido en una de mis películas de cabecera sobre el personaje y un filme imprescindible para los amantes del cine de verdadero interés más allá de los convencionalismos respecto a Cristo y del cine mismo. Hace ya un tiempo monté un pequeño vídeo sobre las bondades de la estupenda banda sonora de Peter Gabriel. Os lo dejo aquí.

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