Admito que soy mucho de COAC y me incluyo un poco como Vicente, (no el concejal) donde va la gente, cuando participo del Carnaval en la calle. Me interesan mucho más los repertorios copleros que la fiesta callejera, especialmente tal y como la ciudad la está sufriendo desde hace algunos años.Huyo de la noche del sábado despavorido lanzando alaridos tanto como los componentes de la chirigota del Yuyu y mi buen amigo Sánchez Reyes, al que felicito efusivamente por su actuación en la final y especialmente la ofrecida 24 horas antes.
Me refugio en el domingo de coros. ¿De coros? ¿De agrupaciones? Los botellones imperan desde primeras horas de la tarde, las borracheras ya se prodigan aún de día y las calles empiezan a apestar a orín sin que haya caído la noche. Lo de ayer fue francamente lamentable. Traté de buscar el Carnaval, ya ni siquiera su esencia en la calle porque esa se perdió hace tiempo, no pierdo el tiempo escudriñando las esquinas para saber de su perfume (al hilo del nombre de cierta agrupación este año), sino siquiera el 'agua de colonia' de la fiesta, lo más barato, lo que al menos me dejara en la pituitaria el olor y sabor de algo del Carnaval que debemos desear todos los gaditanos...
Vano intento. La fiesta se ha convertido en la calle en un gran macrobotellón horrendo, con disfraces grotestos y ridículos, con la anuencia de las agrupaciones que apenas aparecen cuando termina la cabalgata y un barrio de La Viña asqueroso y convertido en un gran WC donde vaciarse.
¿Qué diferencia existe entre un botellón de fin de semana de jóvenes y una noche de Carnaval gaditana actualmente? Sólo dos: el número de participantes y el alcohol ofrecido en cada esquina. Barras cutres de pizarras mal escritas y mostradores de Cruzcampo vendiendo lotes de alcohol, refresco, hielo, vómitos en casapuertas, droga a raudales y, curiosamente, sólo jóvenes en las calles, cuando el Carnaval es de todos. Hemos relegado a sus casas a generaciones a las que les espanta un esperpento que, como gaditano, me hace sonrojar.
Tengo amigos del gremio periodístico, del cine, etc. de distintos lugares de España a los que me cuesta trabajo convencerlos para que no vengan al Carnaval de Cádiz e incluso algunos creen que no deseo cargar con la responsabilidad de atenderlos. Hasta que contemplan reportajes fotográficos que les envío. Me da verguenza este Cádiz cutre que hemos inventado.
Yo quisiera preguntarles a qué saben los manjares de la gula mientras la gente se muere por la infamia y la perfidia; aclaradme, santidades, si para Dios fue motivo de burla las mujeres maltratadas, niños sin pan y hombres sin justicia.

Hay líneas en las que resulta difícil mantener el equilibrio. Entre ellas está la de la perspectiva trenzada con la inteligencia.No frunzas el ceño, es fácilmente reconocible en nuestro interior. Se da en los casos en los es necesario mandar a alguien al carajo, decirle cuatro verdades a quienes te tocan los cojones o hacen daño a personas y entidades a las que quieres.
Larga noche la del otro día. Ni siquiera una copa de buen brandy me sirvió para calmar mis ansias de encontrar respuesta a lo que contemplé apenas varias horas antes.