jueves, 2 de enero de 2020

La banda sonora para despedir el día... FRANKENSTEIN DE MARY SHELLEY Bernhard Kaun (1931)/Patrick Doyle (1994)


Comenzamos el año con una apasionante historia que dio pie a películas imborrables en la historia del cine. 
El 1 de enero de 1818, la escritora inglesa Mary Shelley publicaba la novela 'Frankenstein o el moderno Prometeo'. Posteriormente ampliaría el texto, pero la aparición de aquella obra fue considerada como la primera novela del llamado terror gótico que en el cine ha tenido variadas y variopintas versiones. 
Nos vamos a quedar con dos de ellas, la primera la rodada por el director James Whale en 1931. Especialista en aquellos años en dirigir filmes de terror, Whale cuenta con un maquilladísimo Boris Karloff para interpretar al monstruo que crea el enloquecido doctor. Un filme que ha pasado a los anales de la historia del Séptimo Arte no solo por el imponente papel de su protagonista, sino por la ampulosa decoración gótica, la admirable mezcla de terror y romanticismo y la icónica secuencia de la niña al borde del lago con las margaritas. 
La otra versión es la del director y actor británico Kenneth Branagh, que en 1994 rueda un filme esperado con interés por crítica y público. A su elenco actoral capitaneado por el propio Branagh y Robert de Niro como el monstruo, se unieron interesantes nombres en diversos aspectos tras las cámaras. Fue producida por Francis Ford Coppola, que venía del éxito de su 'Bram Stoker Drácula' dos años antes. En el guión estaba Frank Darabont, director al poco de 'Cadena perpetua'. Tenía todos los papeles para ser una gran película que, sin embargo, no fue bien recibida en líneas generales. Su ampulosidad y la teatralidad que en ocasiones pierde a Branagh en sus películas, así como el tratamiento somero de la figura de Frankenstein, no encandilaron a crítica y público. 
¿Y la música? 
Ojo a este aspecto porque es sumamente interesante. La película de James Whale solo tiene como banda sonora un tema corto que acompaña a los créditos iniciales de Bernhard Kaun, un compositor y arreglista que por aquellos años fue contratado repetidas veces para filmes de terror y que en 1938 fue uno de los cinco arreglistas musicales de 'Lo que el viento se llevó'. Para el Frankenstein de 1994, Kenneth Branagh contó con su compositor favorito: Patrick Doyle, el músico escocés que le ha escrito bandas sonoras tan brillantes como 'Mucho ruido y pocas nueces' o 'Enrique V'. 
Doyle hizo una música riquísima para 'Frankenstein', con momentos de acción-terror con un protagonismo extraordinario de la percusión y los instrumentos de viento como la trompa, o románticos para ilustrar auditivamente los momentos más intimistas del filme y del propio doctor, además de instantes épicos como el final del filme. 
El vídeo que os he montado esta noche contiene un corte controvertido. Empieza con los créditos de la película de 1931, para continuar con la secuencia de la creación del monstruo y seguir con el momento de la niña y su encuentro con la criatura. ¿Qué tienen en común? Que no existe NI UNA SOLA NOTA MUSICAL. Los efectos de sonido como la tormenta ocupan el protagonismo auditivo de la creación y por lo demás, nada de nada. 
Personalmente, echo mucho en falta una banda sonora para este filme que acompañara a esas imágenes. Y como curiosidad, el vídeo continúa repitiendo la secuencia de la niña con un montaje de audio que os he hecho personalmente con la música de Patrick Doyle para la versión de 1994. Ya me diréis qué os parece esos magistrales momentos acompañados de una banda sonora tan magnífica como la de Doyle. 
El vídeo sigue con la secuencia más destacada de la película de Branagh, la creación del monstruo. Explosión de percusión, vientos, ritmo frenético y golpe final cuando De Niro abre los ojos tras implorarle su creador a que viva. Finalizo con los instantes finales de la película para demostrar esa excesiva teatralidad del director, pero para que disfrutéis de la joya de música de Doyle. 
En uno de los encuentros que he mantenido con Patrick Doyle en distintos congresos o festivales -os cuelgo una foto con él- nos comentaba como anécdota la noche que su hija, estudiando lejos del hogar familiar, lo llamó por teléfono desde un bar de copas donde, a los escasos minutos y como ritual cada día, en el local se reproducía la secuencia de la creación del monstruo con su música ante la expectación del personal mientras se tomaban sus whiskys y demás.


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