miércoles, 9 de enero de 2019


Hoy cumplo nada menos que cincuenta años.
Creo que, a pesar de parecer que es una edad ya considerada 'mayor', es un momento intermedio de tu vida. Has vivido lo suficiente como para no caer en los ingenuos errores del pasado, para tener perspectiva de las cosas, opinión propia y exponerla sin complejos y darte a valer en los ámbitos en los que ya has demostrado experiencia y conocimiento. A la vez, te queda camino por delante para continuar aprendiendo, pero sobre todo para sentirte cada vez más en paz con la vida, que no es ser cobarde, sino valorar también el tiempo, dedicarlo a ti y a quienes te quieren en la convivencia diaria y cotidiana; no discutir para no perderlo con lo que no merece la pena. Y sobre todo, buscar la felicidad que se consigue conforme avanzas en la paz, es decir, en los años.
La felicidad no conoce ambiciones espurias, no trepa por los muros, no da codazos, no es rencorosa ni miente; la felicidad no sube peldaños a ciegas sin saber si pisas a los demás. No menosprecia, no juzga, no es egocéntrica. La felicidad te hace mejor sin límites, te apacigua el espíritu sin límites, te hace libre sin límites... Me ha quedado muy Carta de San Pablo a los Corintios, lamento el sermón, pero tal como lo siento lo digo.
Sed felices.




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