miércoles, 26 de septiembre de 2007

Premio escandaloso para Richard Gere

En unos tiempos en los que el cine se ha convertido en un actor secundario para el arte y el buen hacer, aún quedan resquicios que hacen confiar en que tanta vulgaridad es sólo pasajera. Los festivales de cine de relevancia por su calidad en la programación y dedicados durante todo el año a completar una cartelera de siete días en la que se pueda disfrutar de lo más granado del celuloide anual, se convierten en asideros para los que aún tenemos algo de fe en el cine de verdad.
En este sentido, siempre confié en el Festival de San Sebastián. Conocí a Diego Galán, el que fuera su director y alma durante muchos años y le entrevisté en varias ocasiones en mi programa, lo que me hizo conocer algunos aspectos de este evento cinematográfico no desvelados al gran público y, por su trayectoria y galardones, consideré siempre que el festival de Donosti era bastión del buen gusto cinematográfico y uno de los guardianes del glamour con mayúsculas en perfecta conjunción con la calidad. Pero jamás pude imaginarme que terminaría sucumbiendo al comercialismo barato que no creo que San Sebastián necesite, por mucho que sus actuales rectores no parezcan estar de acuerdo con mi reflexión.

Me resulta escandaloso que este año haya sido concedido el premio Donosti a Richard Gere. Desde mediados de la década de los ochenta, el festival entrega esta ilustre distinción a personalidades del mundo del celuloide -directores, actores, técnicos, etc.- considerados como merecedores del galardón por su carrera y su buen hacer. En 1986 se le entregó a Gregory Peck. Desde entonces, la lista es para quitar el hipo. En 2006 se le otorgó al gran Max Von Sydow, en un ejemplo de gran delicadeza por parte de los gestores del festival. En el transcurso de los años, el premio Donosti ha sido recogido por grandes como Bette Davis, Ben Gazzara, Paco Rabal,...

Pero en una clara concesión a la galería y al comercialismo que parece que les ha dado resultado -sesiones fotográficas multitudinarias, chicas despendoladas pidiendo autógrafos y hechos más propios de festivales de segunda fila ansiosos de notoriedad en lugar de consolidados-, el Donosti ha ido a recaer en 2007 en Richard Gere. Craso error y golpe bajo al cine de verdad.

¿Quién puñetas es Richard Gere para recibir uno de los premios de mayor prestigio del mundo del Séptimo Arte? ¿Acaso su registro interpretativo alcanza los niveles de los anteriormente premiados y, como mayor injusticia, supera los que son menospreciados al no recibir este premio? ¿Cómo se puede conceder el premio Donosti a Gere cuando aún no lo tiene Paul Newman, por poner un ejemplo de muchos?

Gere se hizo famoso por su papel hierático en Oficial y caballero. La misma cara, pero con canas ya prodigando en su testa, puso en el éxito fácil de Pretty Woman. Protagonizó aquel espanto de El primer caballero, en el que sólo se salvaba el score de Jerry Goldsmith. En Infiel podíamos haberlo sustituido por cualquier otro actor, y en Asuntos sucios volvió a poner la cara de pintura egipcia, a pesar de ser uno de sus mejores papeles en este semitelefilme en su estética. De Mr. Jones más vale no hablar, y el remake de El Doctor T lo dejaremos para un año de estos. Su número musical con los periodistas como marionetas en Chicago es lo mejor de su carrera, pero el mérito es de Rob Marshall, no de él que no canta una mierda aunque lo intente. Y podemos continuar repasando someramente su filmografía para llegar a la conclusión de que es un actor extremadamente limitado e inmerecedor de este prestigioso galardón. Ni siquiera ha sido capaz de hacer otra cosa por el cine como producir y aún menos dirigir, a diferencia de otros galardonados como De Niro, Al Pacino,...

San Sebastián le debe una disculpa a los amantes del buen cine y los que considerábamos que festivales como este aún sirven para confiar en las cosas bien hechas en el maltrecho mundo del celuloide. Si a ello le añadimos el Premio Nacional de Cinematografía para Alberto Iglesias, creo que debo pensar seriamente en dedicarme a los videojuegos en lugar de algo que era tan maravilloso y que paulatinamente agoniza como es el ¿Séptimo Arte?

domingo, 12 de agosto de 2007

¿Hacia dónde va el Cádiz CF?


La lógica les invitará a ustedes a pensar, al menos en primer término, que las reflexiones que expongo a continuación son fruto del despecho que puedo sentir después de que la nueva directiva del Cádiz Club de Fútbol decidiera prescindir de mis servicios la pasada semana. Con vistas a que reconsideren esa opinión, trataré de ser lo más objetivo posible y evitar así que piensen que mis palabras están sesgadas por la indignación que puede haberme producido dejarme en la mismísima calle laboralmente hablando, tras dos años de desvelos dedicados a construir el departamento de Medios y Comunicación de este conocido club.

No les voy a llorar, descuiden. Pero nadie me va a callar sobre determinadas actuaciones que se están llevando a cabo en estas semanas desde que Antonio Muñoz Vera decidiera vender su paquete mayoritario de acciones del Cádiz CF al grupo liderado por Arturo Baldasano.

En apenas un mes, Moisés Israel Garzón, sicario del que fuera candidato a la Presidencia del Real Madrid para amoldar el club amarillo y azul a las pretensiones del citado grupo, ha sido el ejecutor de una serie de determinaciones conocidas y otras no. En una operación de marketing con sorprendentes decisiones, el altanero pretoriano de Baldasano, como cabeza visible de este grupo acusado en su día de haber comprado votos en las pasadas elecciones del club merengue, ha dado a conocer actuaciones de un sonrojante populismo, encaminadas a meterse en el bolsillo a una afición que ha demonizado a Antonio Muñoz, fruto de una actitud desesperada por la mediocre campaña realizada por su equipo en la pasada temporada, a pesar de finalizar quintos en la tabla clasificatoria. De esta manera, ha nombrado socios de honor del club a varios periodistas amiguetes que en su vida han mantenido relación alguna con el Cádiz o la propia ciudad, cuando ni siquiera grandes aficionados cadistas han recibido jamás tal distinción, algo que en cualquier entidad debe reservarse para personas de especial prestigio y dedicación hacia ella. ¿De honor? ¿Por qué no son socios de honor del Cádiz CF Macarty a título póstumo, exjugadores que lo dieron todo por su equipo, exdirectivos y empleados de otras épocas que sufrieron las amarguras de muchas decisiones disparatadas de directivos de otras épocas? A ello se unen los socios de honor del basket. O la expectación, propia de paletos en los que parecen que nos están convirtiendo, con las camisetas de la equipación para la próxima temporada. O el 'Star System' inventado en el futuro Consejo de Administración con la presencia de Pepe Oneto. Por cierto, me entra un escalofrío al recordar que el periodista era candidato a ocupar el puesto de presidente marioneta de cierto grupo de Madrid que tanto daño le hizo al Cádiz en su día...¿Lo sabían?

Todas estas decisiones y tantas pijadas están haciendo que los aficionados desvíen su mirada más hacia el palco presidencial del club que hacia el césped, donde los fichajes estrella brillan por su ausencia. De nada va a servir que traten de convencerme de que Cristian, Gastón Casas o Dani, por poner tres ejemplos, son mejores a priori que en su día lo eran teóricamente Benjamín, De Paula, César Caneda,... O que García Remón es mejor entrenador que Víctor Espárrago. Así que, por el bien de los altaneros madrileños, espero que tengan la suerte que faltó en temporadas anteriores porque de lo contrario, en el caso de que el Cádiz se sitúe octavo a finales de octubre por ponerles una fecha como ejemplo, veremos cómo reacciona la afición y si Moisés Israel también dice que ascender "está chupado", como se atrevió a decir sin pestañear respecto a contabilizar 18.000 abonados para la nueva temporada. Si tal pretenciosidad la hubiera dicho Muñoz o su directiva hubiera contratado los servicios de García Remón, el escándalo hubiera sido mayúsculo...

Pero todo esto pueden ser nimiedades ante lo verdaderamente preocupante de las decisiones que está tomando el grupo madrileño, ejecutadas personalmente por el personaje de Moisés Israel, redicho, soberbio, de mirada por encima del hombro, sabedor de todo, bajado de la gran capital con infinita preparación para venir a poner orden entre los provincianos borregos como les aseguro que nos considera. Sólo así se explica el trato sufrido por profesionales que hemos caído tratándosenos con el mayor de los desprecios.

José Mata, hasta ahora director general del club durante más de cinco años en los que luchó sin descanso por relanzar al Cádiz económicamente y en la provincia, atrayendo a los empresarios al proyecto amarillo, sufrió durante semanas las mayores humillaciones no contempladas por los aficionados. Reuniones en las que recibió gritos, desprecio a su trabajo, comentarios despectivos,... actitudes impropias hacia una persona que, con virtudes y defectos, se ha desvelado por este club.

Un trato aún peor recibió el responsable de Protocolo del Cádiz, Rafael Rivas, algo que no ha trascendido. Se le rescindió su contrato en una tarde sin apenas poder exponer sus cometidos y sin estudiar su posible recolocación -y la de varios de sus empleados, que ahora irán a la calle- para evitar la pérdida de un puesto que no sólo se dedicaba hasta ahora a atender estupendamente a los invitados al Carranza, sino casi a coordinar las decisiones ya adoptadas para el Centenario del club, entre otras intervenciones. Rivas es un hombre de docta preparación, de exquisita educación, y fue tratado de manera humillante. Algún día se conocerán las palabras que recibió.

Alberto Benito, director deportivo del club hasta junio, se decantó por marcharse al Almería tras ser "invitado", y Olverio Álvarez 'Oli', figura del cadismo, ha sido el último en salir... hasta el momento. Los propios nuevos directivos esgrimen una frase repugnante en un medio de comunicación, relativa a la rescisión del contrato con el que fuera el delantero ovetense que nos llevó a Primera División en Jerez...: "Estuvimos buscando una cláusula de su contrato para poder prescindir de él...". Las formas fueron las mismas: apenas varios minutos y adiós.

De mí qué les digo... Tras ser ignorado durante una semana al regresar de mi operación de un tumor benigno en una parótida, y durante dos semanas de junio redactar alrededor de quinientos folios detallando todo lo que se había realizado en mi departamento en dos años, el sicario madrileño me mostró una carta de despido -naturalmente improcedente, como ellos mismos reconocen- y un cheque a modo de indemnización sin mediar palabra. "Intuyo que no han leído nada de lo que les entregué", les dije a Moisés Israel y al oscuro de Iván Baldasano. Su silencio corroboraba mi afirmación.

Horas después, informaban a los profesionales de mi departamento de que no volvería a funcionar la radio oficial del club por internet, tras más de dos mil pinchazos en cada partido y como nexo de unión con muchos países iberoamericanos, ni El Periódico del Cádiz, producto pionero en el fútbol español en el que tanta ilusión y mimo pusimos cuando lo creamos hace un año, tras seis meses de estudio de su viabilidad, perfectamente saneado y vehículo de llegada a la afición. De la misma manera defenestraron la campaña de abonados por la provincia, determinadas actividades, relaciones con los trabajadores,...

Cuando llegué al Cádiz, dos chavales escribían alguna nota de prensa y hacían una revista obsoleta bajo el hueco de una escalera bajo la que de vez en cuando pasaba fugazmente una rata. Dos años después, el departamento de Medios del Cádiz CF contaba hasta hace un mes con seis periodistas, dos fotógrafos, ocho ordenadores, una redacción, una emisora de radio con un proyecto para una estación por ondas, una web situada en el décimo puesto entre las más vistas de los clubes de la LFP y con nuevo diseño preparado para inicios de esta liga, atención personalizada a la prensa en los viajes del equipo, envío de fotografías con información, y otras actuaciones que, teóricamente no guardan relación con medios propios y prensa, pero que se emprendieron con ilusión desde mi departamento mientras el club crecía: decoración de puertas del estadio Carranza, toda la campaña de abonados para la temporada 2006/2007 "Ahora más que nunca", con 18.000 abonados de verdad e ideada con modestia en mi despacho en una reunión con Antonio Muñoz Tapia -algún día se le reconocerá a él lo mucho que evolucionó el club- y otras tantas cosas previstas con ilusión ahora truncada: el proyecto de TV, esos viajes a Toledo para ver alternativas, esos trabajos de espionaje en otros estadios, esos momentos de distensión celebrando los cumpleaños de cada empleado del club con el Consejo de Administración,...

Mi temor radica en cuántos puestos de trabajo pueden caer por las decisiones de la nueva directiva. Mi tristeza, en cuánto poco han tenido en cuenta lo realizado y mi pregunta, el por qué se destruye, sin respeto, lo edificado en cinco años con resultados positivos en todos los aspectos. Y sobre todo, mi duda es hacia dónde camina este club. Qué van a hacer con el resto de empleados y qué relación van a mantener con aquellos que siempre han permanecido al lado del club. Han destruido el Club de Empresas y aseguran que no quieren saber nada de los propietarios de negocios de Cádiz y provincia que durante estos años han aportado su publicidad al estadio, a cualquier proyecto cadista. Son apartados porque, con sus ínfulas, aseguran que quieren ver, tanto en Carranza como en la revista Nuestro Cádiz (lo único que han dejado vivo en mi departamento y realizado por otras personas), empresas a nivel internacional y que no 'desprestigien'. Como si Millán, Polanco, Autoescuela Las Marismas, etc. fueran nombres para echar por tierra. ¿Provincianos también, señor Israel?

Sólo les pido a los aficionados que se mantengan ojo avizor, y que comprendan que los cambios son necesarios cuando de nuevos proyectos se trata. Pero todo esto huele muy mal. Algún día les contaré los incumplimientos del grupo madrileño con los anteriores gestores y el por qué del bochornoso numerito de julio entre ambos grupos. Mientras, los oropeles no dejan ver realmente las intenciones de esta gente, sobre los que conviene investigar. Y sé de hecho que varios medios están ya comenzando a hacerlo.

jueves, 14 de junio de 2007

Estafadores


Me siento estafado. Y no me digan que debe ser porque voté al PSOE, no prejuzguen porque yo no les he preguntado cuál fue la opción por la que ustedes se decantaron el 27-M. Pero se me ha quedado cara de imbécil. A la de pocos amigos que ya presentaba se ha unido la de otro nuevo rictus.

Se alteró el orden en La Isla. Hemos pasado de las listas más votadas a los listos menos votados. Y de un plumazo. La perversión de la democracia es pactar (Pedemonte dixit), pero cuando se llega el último en la carrera de fondo electoral, nadie ha dicho nada de que Maquiavelo fuera perverso. Aquél que afirmó que el fin justifica los medios terminará siendo representado en una imagen que los populares sacarán en procesión, que para eso está de moda esta práctica, y pasearán por las calles de La Isla como los naranjitos católicos por los boulevares de Belfast, pavoneándose, provocadores, delante de las narices de los timados. Mis narices. Las de usted.

O se pacta o se va el partido a tomar viento, y vayamos de penitencia también delante de Maquiavelo, con túnicas blancas y verdes y cánticos que hablan de libertad para Andalucía, de esperanza, de la necesidad de acabar con las ataduras. Antes muertos que sencillos en los bancos de la oposición, y antes los pactos supramunicipales que lo que realmente necesita San Fernando. Si vamos a morir, más vale hacerlo tarde y no soltar la poltrona. La maté porque era mía. Deben ser cosas de no estar acostumbrados a perder. ¿O sí? ¿Será que toda la vida han sido unos perdedores? Qué apasionante enigma…

Andalucistas y populares gobernarán La Isla durante cuatro años. El mundo al revés, segundos y terceros ven pasar el cadáver de los primeros en cuyos bolsillos asoman 11.091 papeletas de votantes pisoteadas por traidores y manchadas por salteadores. Tu quoque, filii mei! Yo también, sí, por gobernar me da igual tragarme el tranvía, olvidar los numeritos plenarios, los ataques frontales... Sálvame, que soy un náufrago en la política de esta ciudad, antes de que inexorablemente me vaya a pique del todo por mor de las listas que me da por presentar en las elecciones. Pero dénle tiempo, que ya oiremos el SOS y los glú glús...

No sé lo que decidiré dentro de cuatro años. Podemos inventar otra procesión el día de las elecciones para arreglarlo, pero créanme, en La Isla hacen falta menos pasacalles y más calles arregladas para pasar. Puedo también crear un partido abstencionista para darles en las narices a toda esta banda de irrespetuosos, vencería sin duda con los 40.602 isleños que decidieron quedarse en el sofá de su casa, pero no tiene sentido, porque si voto entonces no practicaría la abstención. O me fijo en Jerez, en donde los ciudadanos han castigado tantos pactos y devaneos con una abrumadora mayoría para dejar las cosas claras. Qué cruel dilema se me plantea…

Por lo pronto, se me ocurre mostrar mi más absoluta repugnancia por la monstruosidad firmada por andalucistas y populares. Y más vale que no procesionen con Maquiavelo. O mejor, ni siquiera salgan a la calle, porque en la propia toma de posesión se pueden encontrar a todo un pueblo ejerciendo, frente al búnker en el que se van a refugiar de la Casa de la Cultura, su legítimo derecho a denunciar tamaño mercadeo que está dilapidando tanto esfuerzo y años de consolidación democrática.

miércoles, 14 de marzo de 2007

La vida de los otros


Los alemanes son unos señores muy serios que cuesta trabajo pedirles fuego porque te imponen respeto hasta en el ascensor. Eso lo sabemos todos. A mí ese carácter me gusta, a pesar de que me parecen sumamente aburridos cuando en julio -antes de viajar al Congreso de Música de Cine de Úbeda- los tengo en un chalet anexo al que veraneo durante unos días y a las ocho de la tarde ya están levantando la sábana de la cama para dormir. No es que me dedique a husmear entre los setos que dividen ambas parcelas como si fuera el hermano de Emma Penella en Aquí no hay quien viva, sino que resulta evidente. No oyes nada y están dentro porque el coche lo tienen aparcado en la puerta, las luces están encendidas, uno de ellos decide despendolarse y lee una revista en una mecedora en el porche, que ya es para ellos a esa hora como ir a la Punta de San Felipe en Cádiz pasadas las cinco de la madrugada...

Lo que les venía a decir es que esa seriedad aplicada en determinados ámbitos me parece extraordinaria. Por ejemplo, en el cine. No sé si han visto ya La vida de los otros. Háganme caso y vayan. De paso que comprueban el cine serio, sólido, compacto, primitivo quizá en sus maneras pero por ello en estado puro y cómo manejan el tempo narrativo los germanos, también pueden dejar de mirarse el ombligo a la hora de demostrar el desconocimiento cinematográfico existente en España.

Con el filme de Florian Henckel Donnersmarck -que así se llama el director de este filme y no me pregunten qué es lo que ha hecho antes de esta gran película- sucede lo mismo que hace ahora veinte años. Recuerdo que por aquel tiempo se estrenó Mujeres al borde de un ataque de nervios, la ocurrente cinta de Pedro Almodóvar que vino a aportar una necesaria frescura al manido panorama del cine patrio. Claro que eso le importaba tres puñetas al resto de países, pero no lo entendimos y creímos que ya teníamos el Oscar en el bolsillo porque el guión tenía chispa -ríase usted de Billy Wilder y IAL Diamond-, Banderas despuntaba y Rossy de Palma se pegaba casi toda la película dormida, lo cual era de agredecer. Cuando todos pensábamos que el sobre iba a contener el nombre de la cinta del director manchego, apareció en su lugar Pelle el conquistador, que en España no la había visto ni el acomodador de los cines del Palacio de la Prensa de Madrid. Bille August la presentó por Dinamarca antes de venderse a comercialidades como Smilla o La casa de los Espíritus. Aquella obra maestra con Max von Shydow se llevó la estatuilla y los españoles nos quedamos con la cara partida. Eso lo sabía yo, y no me sumo ahora a la fuerza del viento que viene de hechos ya acontencidos. Es que el filme de August era un gran película y lo de Almodóvar una gracia con momentos de cierta brillantez.

La historia se ha repetido dos décadas después, aunque Volver ni siquiera llegó a ser nominada, lo que no dice mucho en favor de esta alabada cinta de Almodóvar, a años luz de la frescura direccional que el cineasta español demostró en obras suyas de verdadera valía como ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, Matador (su filme más obsesivamente atrayente) o incluso Hable con ella. Hemos trasladado al cine la paleta euforia que mostramos con la selección española de fútbol cada vez que se juega un Mundial, creyéndonos que vamos a ganarlo o al menos situarnos entre los cuatro primeros, y hemos ensalzado tanto Volver que hemos creído que era la repanocha y Penélope Cruz toda una gran actriz. Pe, sí, ella subiendo la cuesta con cesta en mano rodeada de lugareños que le ofrecen en su caminar productos de la tierra para su restaurante en un ambiente festivo y feliz... Como Bella en The Beauty and the Beast de Disney en la presentación de motivos, con aquel maravilloso tema zarzuelero del comienzo de la película escrito por Alan Menken y ella rodeada de gente del pueblo, visitando la librería, contemplando las ovejitas... Por favor, Pé,...please, señor Almodóvar. Quién le ha visto y quién le ve.

Pues eso, cara partida de nuevo. Pero es que no hay punto de comparación. Y miren que hace tres meses lo comenté en mi círculo de contertulios cinéfilos (palabro odioso), que el cine alemán es mucho cine y que competir con él, igual que con el danés, es sumamente difícil. Aún recuerdo aquellos pies desnudos infantiles desabrigados por una madre desquiciada en aquel búnker antes de asesinar a sus propios hijos; aquellas últimas condecoraciones de un führer con su infinita demencia provocada por su indefectible derrota. ¿A alguien se le han olvidado las secuencias magistrales de El hundimiento? ¿Recuerdan cuando en 1981 irrumpió en el todopoderoso Hollywood Wolfgang Petersen con Das Boot (El submarino)?

Releguen durante unos minutos la estremecedora secuencia de la muerte de los púberes de Goebbels para situar en sus cabezas otras que no deben olvidar jamás y que demuestran a las claras ante qué clase de obra estamos cuando visionamos La vida de los otros: Las lágrimas de Ulrich Müe en un momento de inflexión del filme al oír por sus cascos determinada conversación, la secuencia del comedor con los chistes hacia Honecker, el atropello, el corazón encogido del espectador cuando Dreyman no se baja del automóvil para acercarse al ex capitán de la Stasi rebajado a repartir... No me hagan contarles nada más. Vayan a verla. Y a oírla. Gabriel Yared ya demostró su sensibilidad al hacer scores como El paciente inglés, Mensaje en una botella o Cold Mountain, pero preparen el vello de sus brazos para oír la Sonata de un hombre bueno escrita por el compositor de origen libanés. Nunca me perdonaré que no pudiera asistir a su concierto en Sevilla hace más de una quincena de años. Aún hay tiempo en otra ciudad, en otro lugar, estoy convencido...

martes, 13 de marzo de 2007

Utilizados


Vaya por delante mi profundo respeto a las personas que, de buena fe, manifestaron este pasado sábado su oposición a la medida adoptada por el Gobierno socialista relativa al régimen penitenciario del etarra De Juana Chaos. Cada español tiene la suficiente madurez como para realizar una profunda reflexión al respecto y extraer sus conclusiones. Para algunos, la decisión del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero ha servido para evitar convertir al asesino independentista en un mártir de la causa abertzale. Todo Gobierno medianamente inteligente sabe que un preso de estas características fallecido entre barrotes se suma más en el debe que en el haber de su gestión, por mucho que una buena parte de la ciudadanía prefiera ver muerto a De Juana Chaos antes que vivo y coleando. Para otros, se trata de una concesión a ETA, de un signo de debilidad o de un gesto inútil. Escarmentados por lo sucedido en Barajas recientemente, se preguntan para qué puede servir este signo de flexibilidad si después regresan las bombas. Entre los opositores a la decisión de ZP y su ministro Rubalcaba también están los que argumentan constantemente que la labor policial terminará por exterminar al terrorismo.Aparece entonces la retórica, la manida frase de que "el estado de Derecho acabará con ETA". La misma que se viene empleando desde hace nada menos que treinta años. "Ser fuerte y combatir el terrorismo con los mecanismos....las fuerzas de seguridad del Estado...", frases hechas para cada rueda de prensa posterior a los atentados que vienen a asaltarme de dudas. ¿Los etarras matan menos por la presión "al estilo PP" y su retoricismo o quizás es que los acercamientos negociadores de los últimos años dan sus frutos tan lentamente como resulta obvio en un proceso tan delicado?Soy consciente al hablar de conversaciones a lo largo de estos ejercicios porque de haber entablado un proceso con ETA nadie se ha escapado. El Gobierno de Aznar así lo hizo y en los tiempos de Mayor Oreja como ministro del Interior se acercaron más de setenta presos a las cárceles del País Vasco, por mucho que ahora no deseen recordarlo Rajoy y sus chicos.Se me va la cabeza de una manera espectacular. Yo no quería solucionar "el problema vasco", otra frase hecha y manida. Lo único que deseaba era mostrar mi rechazo a que la bandera de este país se utilice como a cada uno le venga en gana. Durante 40 años de dictadura, Franco hizo suyos los colores de nuestra insignia y los dictadores acostumbran a adulterar la bandera del país en cuestión haciéndola suya. Por eso me da pavor ver cómo existen partidos políticos que se apoderan de nuestra bandera para esgrimir sus argumentos.Exijo al PP, como ciudadano español, que deje de enarbolar nuestra bandera como elemento manipulado para sus reivindicaciones. Que las viera el pasado sábado no es algo que me agrade, pero al menos la manifestación se convocaba bajo el lema "Por España y su unidad" o algo similar muy propio de la derecha, lo que dicho sea de paso me produce grima. Pero no sé porqué las banderas españolas están presentes en la calle Génova la noche de las elecciones, ni en las manifestaciones contra la ley de homosexuales, ni el himno nacional se escucha en las concentraciones de determinada asociación de víctimas del terrorismo. No quiero ver utilizados elementos que están por encima de Zapatero y, afortunadamente, aún más alejados de Rajoy y los reaccionarios de los que se ha rodeado.

lunes, 26 de febrero de 2007

Los indiferentes Oscars 2006


Finalmente tenía que ocurrir. Al menos era de justicia, por mucho que nos duela en nuestro chovinismo más interior. Hasta a mí me causa desazón, pero no podemos mirar hacia otro lado cuando de justicia se trata. Lo digo sobre todo por El laberinto del fauno. Debo ser una de las pocas personas a las que no les estusiasma nada este filme y, aunque conozco a Guillermo del Toro desde hace más de doce años y lo he telefoneado hoy (os pondré una foto en Sitges en 1993 en la que estamos ambos que más vale no mirarla mucho), no era normal considerar que nos encontramos ante una película que mereciera tantos galardones. Como tampoco que Penélope Cruz se llevara una estatuilla a su casa. Y lo que más me satisfizo de la aburridísima ceremonia de anoche, fue ver cómo Babel por fin se queda en el sitio que le corresponde. Y aún así me parece demasiado premio el concedido a Gustavo Santaolalla, que ni por asomo se lo merece, con esa banda sonora tan horrenda para una película que ya escribí hace tiempo resulta ser previsible y de escasa aportación al cine actual. Que Thomas Newman se quede sin premio me parece del todo incomprensible. Disfruten en cuando tengan opción del score de The Good German. Vaya 'revival' de aquellas composiciones de su progenitor Alfred Newman, qué momentos de temas oscuros con deudores pero admirables recordatorios a Bernard Herrmann,... incluso Javier Navarrete debería haber ganado, que ya dio muestras de su talento progresivo en El espinazo del diablo... Pero Santaolalla...Manda narices, ya tiene dos Oscar por dos bazofias. Posee más estatuillas de Hollywood que el mismo Herrmann o Morricone, del que por cierto tengo que reseñar que se le quedó la misma cara que a mí cuando sufrimos la aberración que hizo Celine Dion de su música.

A Ennio Morricone lo conocí en Sevilla en los Encuentros de Música de Cine de 1999. También os pongo una foto para que lo veáis. Seré franco, hablé con él cinco minutos, le entrevisté y desde entonces no he vuelto a verle, no es lo mismo que me ha ocurrido con muchos profesionales del cine con los que sigo teniendo contacto como Del Toro, Imanol Arias o Roque Baños. De aquel encuentro y de algunas reflexiones más bastante fidedignas concluí que Morricone es un malas pulgas. Eso me alegra, ya somos dos. Y hay cosas que le molestan demasiado. Quizá en alguna declaración le ha perdido ciertas dosis de egocentrismo, y eso me gusta menos. Pero después de años criticando que no le hayan dado ya el Oscar -y llevaba razón, viendo los premios concedidos a personajes como Stephen Warbeck o el mismo Santaolalla-, al final tiene uno honorífico y aprovechó en su discurso para dejar bien claro que se cometen muchas injusticias en esto de los Oscar, dedicando el galardón a los que jamás lo obtienen. Que se lo cuenten también a Hitchcock, a Billy Wilder o a Paul Newman, que recibió un Oscar honorífico por El Color del dinero pero le habían negado el pan y la sal incluso en El Buscavidas de Robert Rossen, en la que tiene unos últimos cinco minutos que jamás he visto un nivel interpretativo de ese calibre en mi vida...

Al fin y al cabo, y regresando a este año insustancial, se hizo justicia. Lo mejor era el remake (porque es una copia de un filme oriental, que conste) Infiltrados, a mucha distancia de lo de La Reina y no digamos de cosas como Babel. Quizá se le acercaba a su calidad Diamantes de sangre, pero estaba claro que había que premiar ya al maestro Scorsese que, dejando a un lado aquel tropiezo de Gangsters de Nueva York, ha hecho mucho cine de kilates. Y en actores no sé qué estaban esperando para premiar a Forest Whitaker, ese eterno secundario que ya es grande a pesar de su juventud.
Por cierto: Estoy harto de Jack Nicholson en los Oscar. La culpa no es de él, claro está, sino de quienes les ríen las gracias al mayor histriónico de la historia del cine, con permiso de Klaus Kinski o Gustav Fröhlich. Bueno, este último no sabía lo que iba a evolucionar esto del cine y la interpretación, el pobre...